jueves, 22 de octubre de 2009

El horror, el horror de Conrad



“El horror, el horror del corazón de las tinieblas” por Gean Carlo Villegas Rosado

Nadie sabe cómo sucedió, ni cuándo, pero el cine y la literatura se casaron hace mucho tiempo. Ese matrimonio ha procreado muchos hijos. Una de las criaturas que el cine y la literatura tuvieron se llama Apocalypse Now, dirigida por Francis Ford Coppola (director que todo el mundo sabe que se hizo famoso por The Godfather, que a su vez es una adaptación al cine de una novela de Mario Puzzo). El guión de la película, está inspirado en una novela por Joseph Conrad escrita en el 1898 y publicada como libro en 1903 llamada The Heart of Darkness o El corazón de las tinieblas (dato que yo no conocía y que vine a descubrir recientemente gracias a las enciclopedias gratuitas que se encuentran en Internet). La película para mí, es ese tipo de experiencias gratificantes que inevitablemente causan que al cerrar los ojos, de una manera inexplicable se vea proyectada, recreada frame by frame tras los párpados.

¿Qué sucede? ¿Cuál era mi raciocinio? ¿Si la película me causó ese efecto, qué me causará leer la novela? …Bueno, motivado por esa pregunta (y la necesidad de leerme y reseñar una novela que no estaba en el currículo de las clases), finalmente me dí a la tarea de conocer a uno de los padres de Apocalypse Now: El corazón de las tinieblas, de Conrad.

Es una novela que te atrapa, que te transporta, y disculpando la repetición, te lleva al corazón de las tinieblas. La novela como viaje. La novela de un viaje en barco por un río en el corazón de África (en la película es Vietnam, en plena guerra) a buscar, encontrar, y sacar de la jungla a Kurtz, un capataz y encargado de una colonia exportadora de marfil (en la película es un capitán del ejercito estadounidense y la misión es asesinarlo pero nada, la película fue inspirada no basada). En esa búsqueda, el personaje principal (Marlow) se encuentra a sí mismo, y va viendo en ese viaje las atrocidades (the horror, the horror) que crea el capitalismo y el coloniaje (temas que no han perdido vigencia en Puerto Rico). Se va conociendo una cultura que se está viendo afectada por el intervencionismo de países extranjeros y ajenos al de ellos. Una novela política. Una novela de caminos de agua. Una novela de caminos que se tragan a los personajes que se atreven a caminarlo.

Conrad, obviamente a mi entender, utiliza muy buenos recursos para crear el andamiaje de la historia. La novela comienza en un barco con un narrador (en primera persona dentro de la trama) que comienza a narrar lo que hacen en ese barco turístico capitaneado por un tal Marlow. Que sucede, el barco no puede continuar río arriba por las fuertes corrientes y deciden detenerse en la boca del río a pasar la noche. Mientras esperan, el capitán del barco comienza a hacer la historia de cómo comenzó su carrera como marino. En ese momento comienza a narrar su propia historia. Que a la vez con su historia, nos damos cuenta que poco a poco vamos conociendo a Kurtz.

¿Qué sucede?, lo que de primera instancia parece ser una historia contada dentro de un marco tradicional, o una caja china en la cual se le da la voz a uno de los personajes para contar su historia, lo que hace ese narrador es que conozcamos la historia de otra persona poco a poco, de manera fragmentada. Joseph Conrad en las primeras páginas nos adelanta su marco narrativo de una manera fascinante:

“…los relatos de los marinos tienen una franca sencillez: toda su significación puede encerrarse dentro de la cáscara de una nuez. Pero Marlow no era un típico hombre de mar (si se exceptúa su afición a relatar historias), y para él la importancia de un relato no estaba dentro de la nuez sino afuera, envolviendo la anécdota de la misma manera que el resplandor circunda la luz, a semejanza de uno de esos halos neblinosos que a veces se hacen visibles por la iluminación espectral de la claridad de la luna.”.

La importancia de esta novela no está en lo que Marlow cuenta, si no lo que rodea lo que cuenta. Las descripciones de la jungla, de los habitantes, el corazón de la historia no está en la historia misma sino afuera. Afuera del barco donde están los personajes. A la orilla del río, que es el movimiento, que es la vida. Marlow al contar su propia historia está contando la historia del continente africano, y cómo ha sido explotado a través de los siglos. Marlow es la voz del autor:

“No eran colonizadores; su administración equivalía a una pura opresión y nada más, imagino. Eran conquistadores, y eso lo único que requiere es fuerza bruta, nada de lo que pueda uno vanagloriarse cuando se posee, ya que la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros. Se apoderaban de todo lo que podían. Aquello era verdadero robo con violencia, asesinato con agravantes en gran escala, y los hombres hacían aquello ciegamente, como es natural entre quienes se debaten en la oscuridad. La conquista de la tierra, que por lo general consiste en arrebatársela a quienes tienen una tez de color distinto o narices ligeramente más chatas que las nuestras, no es nada agradable cuando se observa con atención. Lo único que la redime es la idea. Una idea que la respalda: no un pretexto sentimental sino una idea; y una creencia generosa en esa idea, en algo que se puede enarbolar, ante lo que uno puede postrarse y ofrecerse en sacrificio...”.

Leer el corazón de las tinieblas es como leer un poema extenso, el plano semántico es admirable y como la cuenta el un narrador podemos ver los comienzos de un tipo de flujo de conciencia o el estilo indirecto libre como recurso en pañales. Las ideas de Darwin y la evolución del hombre se ven retratado en este fragmento que pienso que es el más representativo de lo que he mencionado:

“La tierra no parecía la tierra. Nos hemos acostumbrado a verla bajo la imagen encadenada de un monstruo conquistado, pero allí... allí podía vérsela como algo monstruoso y libre. Era algo no terrenal y los hombres eran... No, no se podía decir inhumanos. Era algo peor, sabéis, esa sospecha de que no fueran inhumanos. La idea surgía lentamente en uno. Aullaban, saltaban, se colgaban de las lianas, hacían muecas horribles, pero lo que en verdad producía estremecimiento era la idea de su humanidad, igual que la de uno, la idea del remoto parentesco con aquellos seres salvajes, apasionados y tumultuosos. Feo, ¿no? Sí, era algo bastante feo. Pero si uno era lo suficientemente hombre debía admitir precisamente en su interior una débil traza de respuesta a la terrible franqueza de aquel estruendo, una tibia sospecha de que aquello tenía un sentido en el que uno (uno, tan distante de la noche de los primeros tiempos) podía participar. ¿Por qué no? La mente del hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Alegría, miedo, tristeza, devoción, valor, cólera... ¿Quién podía saberlo?... Pero había una verdad, una verdad desnuda de la capa del tiempo. Dejemos que los estúpidos tiemblen y se estremezcan... El que es hombre sabe y puede mirar aquello sin pestañear. Pero tiene que ser por lo menos tan hombre como los que había en la orilla. Debe confrontar esa verdad con su propia y verdadera esencia... con su propia fuerza innata. Los principios no bastan. Adquisiciones, vestidos, bonitos harapos... harapos que velarían a la primera sacudida. No, lo que se requiere es una creencia deliberada. ¿Hay allí algo que me llama, en esa multitud demoníaca? Muy bien. La oigo, lo admito, pero también tengo una voz y para bien o para mal no puedo silenciarla. Por supuesto, un necio con puro miedo y finos sentimientos está siempre a salvo.”.

En realidad no sé que hizo famoso la frase “The horror, the horror”, si la película o el libro. En la película esa palabra repetida dos veces, son las palabras con la que se cierra el largometraje, pero en el libro Marlow menciona que es lo último que Kurtz dijo, y no solo eso, en la novela hay un personaje que es la esposa que le da un giro al final de la novela. Ella le pregunta a Marlow cuales fueron las últimas palabras de Kurtz, y Marlow (le miente porque era mejor una mentira que la hiciera feliz que una verdad que no se pudiera comprender) le dice que las últimas palabras de Kurtz fue pronunciar el nombre de ella (ridiculizando en cierto sentido el romanticismo). Esa mentira, es la mentira que representa todas las mentiras que nosotros como lectores nos hemos tragado através de los años. El narrador narra lo que decide narrar, y nosotros lo escuchamos. El narrador narra con palabras. Palabras que si no son escritas, como en un libro, pueden ser tergiversadas, las últimas palabras de Kurtz fueron: El horror, el horror. Pero el único testigo fue Marlow.

Ese planteamiento que trae Joseph Conrad, de que la historia que nosotros conocemos es la que nos cuentan porque si no estuvimos en el lugar de los hechos no tenemos más remedio que creer lo que se nos dice, es algo que aporta la novela. Debemos desconfiar de lo que se nos narra. ¿Cómo nosotros los lectores podemos saber que Marlow no nos miente a nosotros con la historia de Kurtz, así como le hizo a su esposa? No tenemos manera de saberlo. Aceptamos las narraciones como verosímiles porque no tenemos más remedio.
“The horror. The horror” digamos que esas fueron las últimas dos palabras de Kurtz, él no tuvo la oportunidad de contarnos su historia, quien nos las cuenta es Marlow (que a la vez es un personaje de una historia que nos está narrando otro narrador). Los recursos narrativos de la antigüedad como “el marco” son tan útiles todavía como lo son un martillo y un serrucho para la carpintería. En la literatura nada pasa de moda, lo que debemos hacer es hacerlo nuestro. Joseph Conrad utilizó como andamiaje de su novela el marco, pero en vez de contarnos la historia de lo que está dentro de ese marco nos pide que nos concentremos en lo que está fuera del marco, que nos concentremos en el horror. En el horror de la vida misma. En el horror de lo que somos capaces de hacer como humanidad. Que no vivamos la vida como una novela y que lo último que suspiremos sea: ¡el horror; el horror!
jueves 22 de octubre de 2009, San Juan, Puerto Rico
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