martes, 14 de diciembre de 2010

Primer comentario Post Retro de Gean Carlo Villegas sobre la novela LOS DETECTIVES SALVAJES de Roberto Bolaño




Primer comentario Post Retro de Gean Carlo Villegas sobre la novela LOS DETECTIVES SALVAJES de Roberto Bolaño

Hacer una entrada sobre la gran novela LOS DETECTIVES SALVAJES de Roberto Bolaño es una tarea demasiada ambiciosa para mi limitada capacidad intelectual, por tal razón, he tomado la humilde decisión (eso rima) de hacer por lo menos doce entradas independientes que toquen unos cuantos (de los cientos) temas que abarca, recoge, toca, plantea o lo que sea...
Cualquiera que haya leído alguno que otro trabajo de Bolaño ya se habrá dado cuenta de su estilo y de su temática recurrente: siempre predomina el estilo indirecto libre y los escritores que desconocen su destino.
Vale la pena preguntarnos antes de todo ¿quiénes son LOS DETECTIVES SALVAJES? Cualquier persona semi inteligente se podrá dar cuenta que nosotros, los lectores, cada vez que agarramos un libro en nuestras manos, y comenzamos a leer, somos los detectives salvajes. Leer es buscar pistas. Leer es recibir contestaciones sobre preguntas que no hicimos pero que merecían una respuesta. Leer es investigar. Leer es descubrir lo que se desconocía perdido. En fin, leer es un acto de salvajismo extremo
Los detectives salvajes en la novela LOS DETECTIVES SALVAJES son los personajes Arturo Belano (un alter ego de Roberto Bolaño) y Ulises Lima quienes a finales del 1975 y principios del 1976 van tras los rastros o pistas de la desaparecida Cesárea Tinajero, una poeta Real Visceralista de los años veinte de la que sólo se le conoce un poema publicado (poema que carece de palabras y más bien está compuesto por gráficas que representan estados de ánimo). Dicha búsqueda que lleva a un final sorpresivo a mi entender no es el grueso de la novela, ya que dicha búsqueda en realidad es lo que podemos leer en la tercera parte de la novela (y en las narraciones de Amadeo Salvatierra en la segunda parte).

Se me olvidó aclarar que LOS DETECTIVES SALVAJES está compuesta por tres partes: La primera parte no es otra cosa que las entradas en el diario de Juan García Madero, un joven poeta mexicano, entre el 2 de noviembre de 1975 y el 31 de diciembre de 1975, que nos introduce a los personajes principales.

La segunda parte está compuesta por testimonios de todas las personas que conocieron a los personajes Arturo Belano y a Ulises Lima. Dichos testimonios están presentados por lo general en un orden cronológico pero contradictoriamente a la vez caótico y narran los encuentros y desencuentros de los narradores con los personajes en lugares diversos del planeta entre los Setentas hasta los Noventas.

Vale la pena resaltar tres capítulos de la segunda parte.

A los que no se habían dado cuenta, el capítulo cuarto de la segunda parte no es otra cosa que la novela AMULETO del mismo autor en una versión resumida.

En el capítulo 18, específicamente la narración del personaje/ narrador Andrés Ramírez es en el único capítulo de la segunda parte de LOS DETECTIVES SALVAJES que abandona las narraciones de los narradores testigos a un lector/investigador anónimo y se dirige a un tú explícito (Belano) rompiendo en cierto sentido con la consistencia narrativa. Esa narración inconsistente (no quiero decir que la inconsistencia esté mal, lo resalto como dato curioso) es seguida por la de Abel Romero que es un personaje de otra de sus novelas, ESTRELLA DISTANTE, (disculpen a los que no la han leído, Abel Romero es quien mata al supuesto Carlos Wieder al final de la otra novela mientras el alter ego de Bolaño espera sentado en un banquito).

Creo que una de los temas principales de la novela se encuentra resumido en la primera narración del capítulo 23 hecha por el personaje Iñaki Echevarne y debo copiarla textualmente para que si no les interesa leer la novela completa al menos se lleven algo que los haga reflexionar un poco sobre lo que hacemos como escritores y lo que esperamos de nuetras obras:

“Durante un tiempo la Crítica acompaña la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, auque otra Crítica y otros Lectores poco a poco vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.”.