miércoles, 22 de diciembre de 2010

“Jorge Ariel Valentine y/o el buen uso del masculino de la cabra PART I: The Return of the Náyade” un comentario POST RETRO por Gean Carlo Villegas


“Jorge Ariel Valentine y/o el buen uso del masculino de la cabra PART I: The Return of the Náyade” un estúpido comentario POST RETRO por Gean Carlo Villegas para PUERTORRICUENTOS.COM


“…aquel grupo sería el futuro literario del país. A mí, ninguno me pareció héroe: un abuelito que no hablaba más que de abogados y caballos, un muchacho homosexual […], una mujer divorciada […], y otros dos muchachitos que llenaban las páginas de puro sexo. Esas sí me gustaban…” nos narra el personage principal en la página 67-68 de la novela Náyade por Jorge Ariel Valentine


En una actividad que se celebró en el Ateneo Puertorriqueño el viernes 17 de diciembre de 2010, una organización cuyo nombre no voy a mencionar, premió en la categoría de mejor novela publicada en el 2009, a una novela de Alfaguara de una reconocida escritora puertorriqueña y, además, premió como finalista la novela Náyade de Jorge Ariel Valentine que fue publicada bajo el sello de Terranova Editores.
Yo había comprado la novela hace mucho tiempo y la tenía olvidada en uno de los anaqueles en mi biblioteca en la que tengo todos mis libros por leer. Como bien se ha dicho, las premiaciones son catalíticos, motivadores, o simplemente espinitas en una nalga que te llevan al extremo de la curiosidad, decidí llevarme la novela bajo el brazo para todos lados como si fuese una Biblia Special Edition.
Entre una complicación y otra que no vale la pena recontar en esta porquería de blog seudoliterario no pude terminar de leer la novela en el fin de semana como me hubiese gustado…No hay nada mejor como esperar una guagua pública para que te lleve entre Isla Verde y el Viejo San Juan (la T5 para ser más específicos), como para ponerse al día con cualquier lectura. Por ende, gracias a nuestro deficiente sistema de transporte púbico, el lunes 20 de diciembre a las 5:58pm terminé de leer Náyade.
Confieso que tras el punto final no pude evitar suspirar un: ¡está bien cabrona la cabrona novela de este cabrón!”. Dicha espontanea expresión lingüística asustó a la señora que estaba sentada al lado mío. Debo aclararle a los eruditos aCACAdémicos que no entienden el lenguaje de mi generación puertorriqueña, que mi espontánea expresión que utiliza variantes del femenino y el masculino de la cabra tanto en plural como en singular es sin lugar a dudas una expresión en el buen sentido de la palabra. No hay duda que Jorge Ariel Valentine está cabrón, pero cabrón no como insulto si no como halago o elogio o como el significado que le darían dos “panas” que se encuentran en la calle y se dicen: ¿qué es la qué, cabrón”.
Mucho más que escribir una excelente novela que merece todos los premios habidos y por haber (aunque no los necesita), entiendo que el logro más grande de Valentine es el haber escrito una gran y verdadera novela puertorriqueña ACTUAL, con personajes puertorriqueños actuales, con lugares puertorriqueños actuales, y un lenguaje puertorriqueño actual que va a lograr, a mi entender sobrevivir el paso del tiempo, como ha logrado sobrevivir el personaje/narrador Papo Impala.
Al igual que ese famoso personaje de Juan Antonio Ramos que todos recordamos y al igual que Harvey, el lamentablemente olvidado personaje-narrador de Mi mamá me ama de Emilio Díaz Valcárcel, Jorge Ariel Valentine crea a un grandioso personaje llamado Matías Rodríguez. Un personaje que logramos conocer tanto por lo qué y por cómo nos lo narra.
Después de conocer unos cuantos detalles del trasfondo del personaje (que por razones obvias no adelantaré) es inevitable comprender su forma de pensar, actuar y su visión de mundo. Matías Rodríguez es producto de su pasado. Matías Rodríguez es un producto defectuoso de la igual defectuosa sociedad puertorriqueña en la que le y nos a tocado crecer.
Ya para cuando Matías Rodríguez dice: “Escuchar de nuevo al “Mister con macana” no me trajo a la memoria los tiros de la policía en el recinto, me recordó que la macana siempre la tuve yo en la mano, lista para escupir a niñas fupistas y rebeldes como ellas”, ya se nos hace inevitable odiar y querer a Matías Rodríguez todo a la vez, ya que ese personaje puertorriqueño-enfermito-homofóbico-unreliable-narrator-intradiegético-cincuentón-masturbador-sinvergüenza-empleado-de-gobierno-aborrecido-etc-etc-fumador y bebedor empedernido, que nos presenta Jorge Ariel Valentine en su novela Náyade, en cierto sentido, nos guste o no, representa a un gran número de puertorriqueños y puertorriqueñas con todos sus traumas, debilidades, fortalezas, franquezas, inseguridades, falta de norte e inmoralidad, que de buenas a primeras aparentan no tener nada interesante que contar.
Es mi más humilde opinión que Valentine le dio vida en su novela a un gran personaje que se quedará por y para siempre con nosotros a pesar de su actualidad rampante, esa actualidad a la que le huyen y critican muchos escritores que tienen la creatividad inmersa en un campo de concentración de palabras rebuscadas y tramas centradas en épocas con las que muchos lectores jóvenes puertorriqueños no se sienten identificados…
Para que la nueva generación de lectores puertorriqueños entiendan esta porquería de comentario carente de profundidad académica y no seguir metiéndome en problemas por disfrutar de la libre expresión que me gusta disfrutar: a Valentine, la novela y el personaje le quedó cabrón, por ende, por lógica callejera, Jorge Ariel Valentine está cabrón.
Yo no tengo duda de que la novela Náyade está cabrona en el buen sentido de la palabra, pero ahora bien, si tú no compras y lees la novela Náyade en el futuro cercano, o sea pronto, serás una representación del significado vulgar de la palabra de la que he abusado en esta cabrona entrada.

Cómprala en http://www.terranovaeditores.com/home/products-page/narrativa/nayade/

martes, 14 de diciembre de 2010

Primer comentario Post Retro de Gean Carlo Villegas sobre la novela LOS DETECTIVES SALVAJES de Roberto Bolaño




Primer comentario Post Retro de Gean Carlo Villegas sobre la novela LOS DETECTIVES SALVAJES de Roberto Bolaño

Hacer una entrada sobre la gran novela LOS DETECTIVES SALVAJES de Roberto Bolaño es una tarea demasiada ambiciosa para mi limitada capacidad intelectual, por tal razón, he tomado la humilde decisión (eso rima) de hacer por lo menos doce entradas independientes que toquen unos cuantos (de los cientos) temas que abarca, recoge, toca, plantea o lo que sea...
Cualquiera que haya leído alguno que otro trabajo de Bolaño ya se habrá dado cuenta de su estilo y de su temática recurrente: siempre predomina el estilo indirecto libre y los escritores que desconocen su destino.
Vale la pena preguntarnos antes de todo ¿quiénes son LOS DETECTIVES SALVAJES? Cualquier persona semi inteligente se podrá dar cuenta que nosotros, los lectores, cada vez que agarramos un libro en nuestras manos, y comenzamos a leer, somos los detectives salvajes. Leer es buscar pistas. Leer es recibir contestaciones sobre preguntas que no hicimos pero que merecían una respuesta. Leer es investigar. Leer es descubrir lo que se desconocía perdido. En fin, leer es un acto de salvajismo extremo
Los detectives salvajes en la novela LOS DETECTIVES SALVAJES son los personajes Arturo Belano (un alter ego de Roberto Bolaño) y Ulises Lima quienes a finales del 1975 y principios del 1976 van tras los rastros o pistas de la desaparecida Cesárea Tinajero, una poeta Real Visceralista de los años veinte de la que sólo se le conoce un poema publicado (poema que carece de palabras y más bien está compuesto por gráficas que representan estados de ánimo). Dicha búsqueda que lleva a un final sorpresivo a mi entender no es el grueso de la novela, ya que dicha búsqueda en realidad es lo que podemos leer en la tercera parte de la novela (y en las narraciones de Amadeo Salvatierra en la segunda parte).

Se me olvidó aclarar que LOS DETECTIVES SALVAJES está compuesta por tres partes: La primera parte no es otra cosa que las entradas en el diario de Juan García Madero, un joven poeta mexicano, entre el 2 de noviembre de 1975 y el 31 de diciembre de 1975, que nos introduce a los personajes principales.

La segunda parte está compuesta por testimonios de todas las personas que conocieron a los personajes Arturo Belano y a Ulises Lima. Dichos testimonios están presentados por lo general en un orden cronológico pero contradictoriamente a la vez caótico y narran los encuentros y desencuentros de los narradores con los personajes en lugares diversos del planeta entre los Setentas hasta los Noventas.

Vale la pena resaltar tres capítulos de la segunda parte.

A los que no se habían dado cuenta, el capítulo cuarto de la segunda parte no es otra cosa que la novela AMULETO del mismo autor en una versión resumida.

En el capítulo 18, específicamente la narración del personaje/ narrador Andrés Ramírez es en el único capítulo de la segunda parte de LOS DETECTIVES SALVAJES que abandona las narraciones de los narradores testigos a un lector/investigador anónimo y se dirige a un tú explícito (Belano) rompiendo en cierto sentido con la consistencia narrativa. Esa narración inconsistente (no quiero decir que la inconsistencia esté mal, lo resalto como dato curioso) es seguida por la de Abel Romero que es un personaje de otra de sus novelas, ESTRELLA DISTANTE, (disculpen a los que no la han leído, Abel Romero es quien mata al supuesto Carlos Wieder al final de la otra novela mientras el alter ego de Bolaño espera sentado en un banquito).

Creo que una de los temas principales de la novela se encuentra resumido en la primera narración del capítulo 23 hecha por el personaje Iñaki Echevarne y debo copiarla textualmente para que si no les interesa leer la novela completa al menos se lleven algo que los haga reflexionar un poco sobre lo que hacemos como escritores y lo que esperamos de nuetras obras:

“Durante un tiempo la Crítica acompaña la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, auque otra Crítica y otros Lectores poco a poco vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.”.