miércoles, 12 de octubre de 2011

POPTOPIA, una novela de Jennifer Pagán





Hace unos cuantos días commencé a vivir en el siglo XXI: me compré un Iphone. Bueno, en realidad no me lo compré, renové un contrato de servicio con una compañía de celular y me lo regalaron. Me había negado a entrar a este nuevo siglo por razones artísticas idiotas como para mantenerme sumergido en lo Retro de mi movimiento artístico Post Retro. Creo que ha llegado el momento de aceptar que soy un escritor joven y que soy más Post que Retro.

Decidí entonces que mi nueva etapa Post no se quedara en la mera palabra y lo quise llevar a la acción. Me dije que tenía que comprarme un libro y leerlo en mi Iphone. Pero qué libro comprar que represente esta nueva etapa Post de mi vida. Encontré el libro. Se titula Poptopia de la escritora Jennifer Pagán Colón. Lo compré en Amazon.com y lo leí en pocas horas. Ciertamente es un libro que representa esta nueva generacón de escritores puertorriqueños que fuimos criados por los Simpsons y por South Park. Esta novela es un fiel retrato de los que es el Puerto Rico que yo he vivido y que muchos otros han vivido. Esta novela no se desarrolla en un cafetal de Vega Plana o en un cañaveral, ni en una ciudad indefinida; Poptopia se desarrolla en Puerto Rico con nombre y apellido. Entre los hospedajes de estudiantes en Rio Piedras y urbanizaciones en Cidra. Una novela en la que se establece que Caguas es lejos bien lejos y que existe una tribu conocida como las Guaynabichas o algo parecido.
Entrar a discutir esta novela a profundidad sería adelantar detalles de la trama que no conviene adelantar, pero lo que sí puedo decir es que envidio la originalidad de la autora, en especial cómo logra jugar con la tragedia y la comedia. Envidio el ojo por el detalle de una subcultura de coleccionistas de tampones de Hello Kitty y otras cosas que exite pero que no había sido integrada a la literatura puertorriqueña (y posiblemente internacional) con una seriedad digna de que ahora mismo todo el mundo la compre y la lea.

Me comprometo a hacer una entrada más detallada en un futuro cercano para que comentemos esta nueva joya de la literatura, pero no me quiero marchar sin pedir que por favor apoyen este proyecto de autogestión que nos presenta Jennifer Pagán.

Poptopia (Spanish Edition) por Jennifer Pagan Colon
Permalink: http://amzn.com/B005R62BOA

martes, 23 de agosto de 2011

"Las caras son los nombres de los cuerpos" por Gean Carlo Villegas




Hace mucho tiempo no escribía nada en este mi mal llamado Blog. Desde hace unos días he estado jugando con unas cuantas oraciones interesantes. Ya tengo las oraciones pero no sé en qué parte de la novela ubicarlas. Un ejemplo es: Las caras son los nombres de los cuerpos. Otra que me llama la atención es: La pobreza es una enfermedad mental.

La realidad es que he estado leyendo más de lo que he escrito. Lo que estoy leyendo ahora mismo son Las memorias de Alejandro Tapia y Rivera. La semana pasada leí El hombre que trabajó lunes entre otras cosas que ya he olvidado.

Desde la última entrada he leido la novela LA PISTA DE HIELO, AMBERES y el libro de cuentos LLAMADAS TELEFONICAS de Roberto Bolaño. He leído unas cuantas cositas más pero las he olvidado. Si no escribo una nota de opinión o reseña sobre lo que leo se me olvida.

Bueno, fin de la transmisión.


Http://puertorricuentos.com



jueves, 23 de junio de 2011

Cómo comenzar un texto narrativo por Gean Carlo Villegas



Hace poco escuché que no existe una fórmula secreta de cómo comenzar un texto narrativo. La fórmula es sencilla: leer. Leer mucho. Si lees mucho yo te garantizo que tu cerebro te dará la fórmula de cómo comenzar un texto narrativo.

Mi primera novela publicada es OSARIO DE VIVOS www.osariodevivos.com
Para ayudar un poco a esas personas que no leen mucho he buscado diferentes comienzos y encontré sobre el tema muchas páginas web en inglés, pero como esta porquería de blog es en español, quería continuar con mi búsqueda y me topé con una lista interesante en el Centro Virtual Cervantes.



A continuacion los mejores comienzos ( o principios ) de los libros de narrativa que fueron seleccionados en el concurso Lecturas del siglo XX de la biblioteca electrónica centro virtual cervantes.



Leer solamente los comienzos no reemplaza lo que yo llamo la experiencia de la lectura total pero espero que les ayude un poco leer los comienzos de buenas obras de narrativa para sepan cómo comenzar las de ustedes cuando comienzen a escribirlas.

Comienzo de la novela Cien años de soledad (1967), Gabriel García Márquez
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades.

Comienzo de la novela Rayuela (1963), Julio Cortázar
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
Julio Cortázar, Rayuela, Barcelona, Edhasa, 1981.


Comienzo de la novela Pedro Páramo (1955), Juan Rulfo

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
—No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
—Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.
Juan Rulfo, Pedro Páramo, Edición de José Carlos González Boixo, Madrid, Cátedra, 1997.


Comienzo de la novela La colmena (1969), Camilo José Cela
No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante.
Doña Rosa va y viene por entre las mesas del café, tropezando a los clientes con su tremendo trasero. Doña Rosa dice con frecuencia leñe y nos ha merengao. Para doña Rosa, el mundo es su café, y alrededor de su café, todo lo demás. Hay quien dice que a doña Rosa le brillan los ojillos cuando viene la primavera y las muchachas empiezan a andar de manga corta. Yo creo que todo eso son habladurías: doña Rosa no hubiera soltado jamás un buen amadeo de plata por nada de este mundo. Ni con primavera ni sin ella. A doña Rosa lo que le gusta es arrastrar sus arrobas, sin más ni más, por entre las mesas. Fuma tabaco de noventa, cuando está a solas, y bebe ojén, buenas copas de ojén, desde que se levanta hasta que se acuesta. Después tose y sonríe. Cuando está de buenas, se sienta en la cocina, en una banqueta baja, y lee novelas y folletines, cuanto más sangrietos, mejor: todo alimenta.
Camilo José Cela, La colmena, Edición de Jorge Urrutia, Madrid, Cátedra, 1997.

Comienzo de la novela La familia de Pascual Duarte (1942), Camilo José Cela

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquéllos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.
Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte, Barcelona, Destino, 1995.


Comienzo del libro del cuento El Aleph (1949), Jorge Luis Borges
O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space.
Hamlet, II, 2
But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time, a Nunc-stans (as the Schools call it); which neither they, nor any else understand, no more than they would a Hic-stans for an infinite greatness of Place.
Leviathan, IV, 46
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el treinta de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible.
Jorge Luis Borges, El Aleph, Madrid, Alianza / Emecé, 1991.


Comienzo de la novela La ciudad y los perros (1963), Mario Vargas Llosa
—Cuatro —dijo el Jaguar.
Los rostros se suavizaron en el resplandor vacilante que el globo de luz difundía por el recinto, a través de escasas partículas limpias de vidrio: el peligro había desaparecido para todos, salvo para Porfirio Cava. Los dados estaban quietos, marcaban tres y uno, su blancura contrastaba con el suelo sucio.
—Cuatro —repitió el Jaguar—. ¿Quién?
—Yo —murmuró Cava—. Dije cuatro.
—Apúrate —replicó el Jaguar—. Ya sabes, el segundo de la izquierda.
Cava sintió frío. Los baños estaban al fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas. En años anteriores, el invierno sólo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón del colegio se libraba del viento, que, en las noches, conseguía penetrar hasta en los baños, disipar la hediondez acumulada durante el día y destruir su atmósfera tibia. Pero Cava había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel.
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros, Barcelona, Seix Barral, Biblioteca de bolsillo, 1986.


Comienzo de Platero y yo (1914), Juan Ramón Jiménez
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: «¿Platero?», y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas, mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
—Tien’asero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, Edición de Michel P. Predmore, Madrid, Cátedra, 1995.


Comienzo de la novela Tiempo de silencio (1962), Luis Martín Santos
Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono. Yo miraba por el binocular y la preparación no parecía poder ser entendida. He mirado otra vez: «Claro, cancerosa». Pero, tras las mitosis, la mancha azul se iba extinguiendo. «También se funden estas bombillas, Amador.» No; es que ha pisado el cable. «¡Enchufa!» Está hablando por teléfono. «¡Amador!» Tan gordo, y tan sonriente. Habla despacio, mira, me ve. «No hay más.» «Ya no hay más.» ¡Se acabaron los ratones! El retrato del hombre de la barba, frente a mí, que lo vio todo y que libró al pueblo ibero de su inferioridad nativa ante la ciencia, escrutador e inmóvil, presidiendo la falta de cobayas. Su sonrisa comprensiva y liberadora de la inferioridad explica —comprende— la falta de créditos. Pueblo pobre, pueblo pobre. ¿Quién podrá nunca aspirar otra vez al galardón nórdico, a la sonrisa del rey alto, a la dignificación, al buen pasar del sabio que en la península seca, espera que fructifiquen los cerebros y los ríos? Las mitosis anormales, coaguladas en su cristalito, inmóviles —ellas que son el sumo movimiento—. Amador, inmóvil primero, reponiendo el teléfono, sonriendo, mirándome a mí, diciendo: «¡Se acabó!». Pero con sonrisa de merienda, con sonrisa gruesa.
Luis Martín Santos, Tiempo de silencio, Madrid, Barcelona, Seix Barral, 1993.


Comienzo del libro de cuentos Ficciones (1944), Jorge Luis Borges
Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llamaba The Anglo-american Cyclopaedia (New York, 1917) y es una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902. El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores —a muy pocos lectores— la adivinación de una realidad atroz o banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.
Jorge Luis Borges, Ficciones, Barcelona, Seix Barral, 1986, p. 11.

Comienzo de la novela Paradiso (1966), José Lezama Lima
La mano de Baldovina separó los tules de la entrada del mosquitero, hurgó apretando suavemente como si fuese una esponja y no un niño de cinco años; abrió la camiseta y contempló todo el pecho del niño lleno de ronchas, de surcos de violenta coloración, y el pecho que se abultaba y se encogía como teniendo que hacer un potente esfuerzo para alcanzar un ritmo natural; abrió también la portañuela del ropón de dormir, y vio los muslos, los pequeños testículos llenos de ronchas que se iban agrandando, y al extender más aún las manos notó las piernas frías y temblorosas. En ese momento, las doce de la noche, se apagaron las luces de las casas del campamento militar y se encendieron las de las postas fijas, y las linternas de las postas de recorrido se convirtieron en un monstruo errante que descendía de los charcos, ahuyentando a los escarabajos.
Baldovina se desesperaba, desgreñada, parecía una azafata que, con un garzón en los brazos iba retrocediendo pieza tras pieza en la quema de un castillo, cumpliendo las órdenes de sus señores en huida. Necesitaba ya que la socorrieran, pues cada vez que retiraba el mosquitero, veía el cuerpo que se extendía y le daba más relieve a las ronchas; aterrorizada, para cumplimentar el afán que ya tenía de huir, fingió que buscaba a la otra pareja de criados. El ordenanza y Truni, recibieron su llegada con sorpresa alegre. Con los ojos abiertos a toda creencia, hablaba sin encontrar las palabras, del remedio que necesitaba la criatura abandonada. Decía el cuerpo y las ronchas, como si los viera crecer siempre o como si lentamente su espiral de plancha movida, de incorrecta gelatina, viera la aparición fantasmal y rosada, la emigración de esas nubes sobre el pequeño cuerpo.
José Lezama Lima, Paradiso, Edición de Eloísa Lezama Lima, Madrid, Cátedra, 1980.


Comienzo d ela novela El Siglo de las Luces (1962), Alejo Carpentier
Detrás de él, en acongojado diapasón, volvía el Albacea a su recuento de responsos, crucero, ofrendas, vestuario, blandones, bayetas y flores, obituario y réquiem —y había venido éste de gran uniforme, y había llorado aquél, y había dicho el otro que no éramos nada...— sin que la idea de la muerte acabara de hacerse lúgubre a bordo de aquella barca que cruzaba la bahía bajo un tórrido sol de media tarde, cuya luz rebrillaba en todas las olas, encandilando por la espuma y la burbuja, quemante en descubierto, quemante bajo el toldo, metido en los ojos, en los poros, intolerable para las manos que buscaban un descanso en las bordas. Envuelto en sus improvisados lutos que olían a tintas de ayer, el adolescente miraba la ciudad, extrañamente parecida, a esta hora de reverberaciones y sombras largas, a un gigantesco lampadario barroco, cuyas cristalerías verdes, rojas, anaranjadas, colorearan una confusa rocalla de balcones, arcadas, cimborrios, belvederes y galerías de persianas —siempre erizada de andamios, maderas aspadas, horcas y cucañas de albañilería, desde que la fiebre de la construcción se había apoderado de sus habitantes enriquecidos por la última guerra de Europa.
Alejo Carpentier, El siglo de las luces, Edición de Ambrosio Fornet, Madrid, Cátedra, 1982.


Comienzo de Doña Bárbara (1929), Rómulo Gallegos
Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha.
Dos bogas lo hacen avanzar mediante una lenta y penosa maniobra de galeotes. Insensibles al tórrido sol los broncíneos cuerpos sudorosos, apenas cubiertos por unos mugrientos pantalones remangados a los muslos, alternativamente afincan en el limo del cauce largas palancas, cuyos cabos superiores sujetan contra los duros cojinetes de los robustos pectorales y encorvados por el esfuerzo le dan impulso a la embarcación, pasándosela bajo los pies de proa a popa, con pausados pasos laboriosos, como si marcharan por ella. Y mientras uno viene en silencio, jadeante sobre su pértiga, el otro vuelve al punto de partida reanudando la charla intermitente con que entretienen la recia faena, o entonando, tras un ruidoso respiro de alivio, alguna intencionada copla que aluda a los trabajos que pasa un bonguero, leguas y leguas de duras remontadas, a fuerza de palancas, o coleándose, a trechos, de las ramas de la vegetación ribereña.
Rómulo Gallegos, Doña Bárbara, Edición de José Carlos González Boixo Madrid, Espasa Calpe, 1993.

Comienzo de la novela Niebla (1914), Miguel de Unamuno
Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior, sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el entrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que abrir el paraguas. ¡Estaba tan elegante, tan esbelto, plegado y dentro de su funda! Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.
«Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas —pensó Augusto—; tener que usarlas. El uso estropea y hasta destruye toda belleza. La función más noble de los objetos es la de ser contemplados. ¡Qué bella es una naranja antes de comida! Esto cambiará en el cielo cuando todo nuestro oficio se reduzca, o más bien se ensanche, a contemplar a Dios y todas las cosas en Él. Aquí, en esta pobre vida, no nos cuidamos sino de servirnos de Dios; pretendemos abrirlo, como a un paraguas, para que nos proteja de toda suerte de males».
Miguel de Unamuno, Niebla, Edición de Mario J. Valdés, Madrid, Cátedra, 1996.


Comienzo de la novela El señor presidente (1946), Miguel Ángel Asturias
...¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre! ¡Alumbra, lumbre de alumbre, sobre la podredumbre, Luzbel de piedralumbre! ¡Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre..., alumbre..., alumbra..., alumbra, lumbre de alumbre..., alumbra, alumbre...!
Los pordioseros se arrastraban por las cocinas del mercado, perdidos en la sombra de la Catedral helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a lo largo de calles tan anchas como mares, en la ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola.
La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito, riñendo muchas veces a codazos y algunas con tierra y todo, revolcones en los que, tras escupirse, rabiosos, se mordían.
Miguel Ángel Asturias, El señor presidente, Madrid, Alianza, 1989.

Comienzo de la novela El túnel (1948), Ernesto Sábato
Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.
Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad, siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase «todo tiempo pasado fue mejor» no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que —felizmente— la gente las echa en el olvido. Desde luego, semejante frase no tiene validez universal; yo, por ejemplo, me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos y, así, casi podría decir que «todo tiempo pasado fue peor», si no fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado; recuerdo tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones, que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza. ¡Cuántas veces he quedado aplastado durante horas, en un rincón oscuro del taller, después de leer una noticia en la sección policial! Pero la verdad es que no siempre lo más vergonzoso de la raza humana aparece allí; hasta cierto punto, los criminales son gente más limpia, más inofensiva; esta afirmación no la hago porque yo mismo haya matado a un ser humano: es una honesta y profunda convicción. ¿Un individuo es pernicioso? Pues se lo liquida y se acabó.


Comienzo de El Jarama (1956), Rafael Sánchez Ferlosio
Describiré brevemente y por su orden estos ríos, empezando por Jarama: sus primeras fuentes se encuentran en el gneis de la vertiente Sur de Somosierra, entre el Cerro de la Cebollera y el de Excomunión. Corre tocando la Provincia de Madrid, por La Hiruela y por los molinos de Montejo de la Sierra y de Prádena del Rincón. Entra luego en Guadalajara, atravesando pizarras silurianas, hasta el Convento que fue de Bonaval. Penetra por grandes estrechuras en la faja caliza del cretáceo —prolongación de la del Pontón de la Oliva, que se dirige por Tamajón a Congostrina hacia Sigüenza. Se une al Lozoya un poco más abajo del Pontón de la Oliva. Tuerce después al Sur y hace la vega de Torrelaguna, dejando Uceda a la izquierda, ochenta metros más alta, donde hay un puente de madera. Desde su unión con el Lozoya sirve de límite a las dos provincias. Se interna en la de Madrid, pocos kilómetros arriba del Espartal, ya en la faja de arenas diluviales del tiempo cuaternario, y sus aguas divagan por un cauce indeciso, sin dejar provecho a la agricultura. En Talamanca, tan sólo, se pudo hacer con ellas una acequia muy corta, para dar movimiento a un molino de dos piedras. Tiene un puente en el mismo Talamanca, hoy ya inútil, porque el río lo rehusó hace largos años y se abrió otro camino. De Talamanca a Paracuellos se pasa el río por diferentes barcas, hasta el Puente Viveros, por donde cruza la carretera de Aragón-Cataluña, en el kilómetro diez y seis desde Madrid...»




Espero haberlos ayudado en algo. Ler recomiendo hagan sus própias búsquedas y no se conformen con esta pequeña muestra.


miércoles, 15 de junio de 2011

“Vómito: diario de una novela AUTOMÓ®FI©A” por Gean Carlo Villegas



“Vómito: diario de una novela AUTOMÓ®FI©A” por Gean Carlo Villegas

“Poincaré's first area of interest in mathematics, dating to the 1880s, was automorphic forms. […] Under Poincaré's definition, an automorphic function is one which is analytic in its domain and is invariant under a denumerable infinite group of linear fractional transformations.”

Hace poco más de un mes había comenzado a escribir una novela sobre un cuentista y un poeta (dos variables). Esa novela poco a poco se ha ido extendiendo, cambiando, modificando, a tal grado que ha sufrido lo que yo llamo (tomado prestado de las matemáticas) una novela automórfica. De una novela planificada como 20 capítulos de 10 páginas cada uno, la novela automórfica se ha convertido en una novela que si sigue con sus permutaciones debe pasar de las mil cuartillas.
¿De qué es la novela? me han preguntado. No sé, les contesto, creo que es sobre un cuentista que vive en el Viejo San Juan, sobre un poeta que se acaba de mudar a Mayaguez para estudiar en la universidad, sobre un niño inocente que no sabe lo que es un cuento ni un poema, sobre un joven adulto frustrado que escribe una novela auto-referencial tratando de encontrar una razón para no suicidarse, e inevitablemente también se narra la muerte de un barrio que llaman Caimito en el cual todos los personajes (que son uno mismo, y tristemente yo mismo) se criaron y huyen porque ese barrio es un microcosmos que hiperboliza la realidad puertorriqueña.
La segunda novela que escribo es la primera que se rige bajo las reglas de la realidad o realismo o realistas ( sé que no son lo mismo pero encierran la misma idea central). Las reglas de lo que llamaré realismo sucio, realismo puro, realismo que cuando se traduce al lenguaje narrativo a los lectores les terminará pareciendo pura ficción pero que desgraciadamente ante los ojos del escritor/autor/narrador son un espejo que refleja el pasado y el presente del cual no puede escapar.

Hasta luego.
PD: En estos días terminé de releer El Informe de Brodie de Jorge Luis Borges y el libro LLAMADAS TELEFONICAS de Roberto Bolaño… El estilo narrativo de la novela es una fusión de esos dos estilos, creo. Tal vez se automorfique o como sea que se diga.

http://puertorricuentos.com/

martes, 7 de junio de 2011

Libros sobre narratología o teoría de la narrativa de Ohio State University Press


A diferencia de la editorial de la universidad de Puerto Rico, The Ohio State University Press tiene un gran catálogo de textos sobre Theory and Interpretation of Narrative que aunque como se dice en buen español ya están Out of print se pueden descargar gratis.

La Editorial de la Universidad de Puerto Rico (y otras editoriales grandes) deberían liberar (simbólica y literalmente) los textos que tienen presos ya sea por contratos a largo plazo que no incluyen la venta y distribución en formatos digitales o por desinterés para que los lectores podamos disfrutar de ellos sin tener que recurrir a búsquedas interminables en librerías de comunidad o especializadas.

Bueno aquí los dejo con el LINK de the Ohio State University PRESS

Recuerda visitar http://puertorricuentos.com

miércoles, 25 de mayo de 2011

"Mi mamá me ama de Emilio Díaz Valcárcel, un comentario post-retro" por Gean Carlo Villegas


"Mi mamá me ama de Emilio Díaz Valcárcel, un comentario post-retro" por Gean Carlo Villegas

Compra la novela en este enlace Mi mamá me ama

ADVERTENCIA A LOS ESTUDIANTES DE LITERATURA: LA SIGUIENTE ENTRADA NO ES UN ANáLISIS ACADéMICO PROFUNDO, SON unas NOTAS QUE Hice PARA MI Y QUE COMPARTO EN ESTA PORQUERÍA DE BLOG. NO SEAS TAN BOBO o boba DE PLAGIARLAS Y ENTREGARLAS A UN MAESTRO o profesor PARA UNA ASIGNACIóN que te asignaron sin cambiarla o darme crédito PORQUE TE ASEGURO QUE TE VAN A COLGAR o no vas a pasar el curso...




Mi mamá me ama es una novela estilo collage sobre un joven puertorriqueño de veinte años, Javier Duran alias Yunito (por sus padres), alias Harvey (por sus compañeros de una universidad en el estado de Nueva York) que viene de vacaciones a Puerto Rico durante un verano donde se descubre a si mismo escribiendo sus "memorias/estudio social" en la habitación de un hospital al que fue a parar tras una paliza que le dieron después de una caravana política.



La razón ser de la novela surge durante una clase de universidad en Nueva York se discute un supuesto estudio por un sociólogo prominente sobre lo que era Puerto Rico y lo que es ser puertorriqueño. Javier no quiere aceptar el estudio que se discute en clase porque lo encuentra incorrecto en sus planteamientos. El profesor le propone que haga su propio estudio sobre lo que es Puerto Rico y lo que es ser puertorriqueño; y que dicho estudio sería publicado en la revista de la universidad de Nueva York. El personaje llega a la isla con intenciones de hacer el estudio y comienza a llevar un diario-borrador que es lo que nosotros leemos y nos deja conocer la visión de mundo que tiene el personaje dada la crianza que tuvo y el medioambiente en el que fue criado. Se va en una caravana política junto a su padrino que comienza en Caguas, Cayey y en el pueblo de Guánica. Durante esa caravana conoce a dos individuos, Risita y Tocino, dos puertorriqueños que estaban en una barra de Guánica bebiendo con él y que se le unen. Cuando llegan a un hotel y están comiendo y bebiendo, el personaje comienza a ver que nieva. Comienza a decir disparates e insulta a Risita y Tocino quienes le dan una paliza junto a un mesero del hotel quienes lo dejan inconsciente y va a parar al intensivo en el hospital. Ya en el hospital se enamora de una de las enfermeras por la cual demuestra un interés amoroso aunque es de una clase social inferior a la de él y la cual se casa. Comienza a hacer su borrador del estudio que en realidad es un confesionario o diario de su vida y de lo que está viviendo. Como es un borrador a veces se contradice y todo lo describe según su visión de mundo debe ser tomado como una opinión personal del personaje. Lo operan y pocos días después de operado lo visita su novia americana a Puerto Rico. Su novia americana le cuestiona por qué él se va a estudiar a los Estados Unidos lejos de su bella nación. A los que él le contesta que su nación es los Estados Unidos. Finalmente la enfermera de la que se enamora se casa. Él se va del hospital y regresa a su casa a continuar con su vida. El último capítulo es narrado por la Delgado una de las enfermeras que cuidó al personaje-narrador principal por la cual descubrimos que la madre y el padrino del personaje principal eran amantes. A través de la novela se menciona la carta de derechos de la constitución de Puerto Rico y no es casualidad que la sección 16 de la constitución sea la que determina el derecho al trabajo y al salario justo y es en el capítulo 16 que se hace una crítica a las condiciones que las enfermeras tienen que pasar con pacientes ricos y privilegiados como nuestro personaje principal. Es con ese capítulo que se cierra la crítica social satirizando la realidad puertorriqueña con recursos literarios bien logrados de parte del autor Emilio Díaz Valcárcel.

El título de la novela es uno que refleja dos cosas, el complejo de Edipo y la relación incestuosa que tiene la madre con el hijo (lo podemos inferir por comentarios que hace el joven). El personaje tiene una relación sexual con la madre de su novia la cual él mismo confiesa que piensa en su madre cuando tiene relaciones sexuales con ella.
Acusa a la hermana de ser una ninfomaníaca pero su novia es igual, la mamá de su novia y su propia madre son iguales. Glorifica a su madre pero su madre es una adultera que le es infiel a su marido con su mejor amigo. Inclusive Javier también es un depravado sexual que se masturba mirando las enfermeras en el hospital.
La novela es un reflejo de la realidad de lucha de clases en Puerto Rico contada por un joven que fue criado de una manera muy diferente a la realidad socioeconómica puertorriqueña y como eso es lo único que conoció a través de su vida, así mismo nos narra las cosas.
Es una sátira. Una hipérbole de la realidad social. Es una exageración como si se viera Puerto Rico y los puertorriqueños con una lupa que hace ver las cosas más grandes de lo que son para que nos demos cuenta de lo que a simple vista no podemos ver.
Es sumamente importante recalcar que esta novela tiene mucha intertextualidad con la constitución de Puerto Rico, el himno nacional americano, citas de un psicólogo ficticio que puede ser un “Roman A Clef” criticando los libros de autoayuda. Además tiene muchas citas autorreferenciales como la repetición de La visión de mundo (Emilio Díaz Valcárcel publico un libro que se titula la visión del mundo en la novela. La señorita Cora de Julio Cortázar es uno de los cuentos con los que tiene más guiños literarios (a mi entender).



Lo más que me gustó de esta novela es que todo se ve a través de los ojos del personaje. Él describe una foto que le muestra una de las enfermeras. Describe una novela de televisión vista desde su visión de mundo, todo y nos hace cuestionarnos a nosotros si somos como ese personaje que vive una vida equivocada viendo las cosas a su manera y viviendo una fantasía sin darse cuenta que las cosas que uno dice y piensa son producto del nivel socioeconómico en el que nos tocó vivir, y de las enseñanzas (buenas o malas) que recibimos de nuestros padres.
Esta novela nos hace cuestionarnos nuestra naturaleza como seres humanos más allá que como puertorriqueños. Es mi humilde opinión que Mi mamá me ama es una de las mejores novelas de la literatura puertorriqueña. La novela de Emilio Díaz Valcárcel a mi entender es una de las mejores novelas de la literatura puertorriqueña por la crítica social acertada y por la facilidad de la lectura. Uno se puede sentir identificado con el personaje principal, a pesar de que es un puertorriqueño que odia a los puertorriqueños, un racista, clasista, sexista, enfermo sexual entre otras cosas y al ser narrado a modo de diario es como si nosotros estuviéramos metiéndonos en su vida privada y leemos lo que en realidad piensa y siente.

Las cosas que dice y describe el personaje principal a través de los borradores que compone 14 de los 16 capítulos que tiene la novela son basadas en su capacidad limitada. Es un narrador poco objetivo. Es racista con los puertorriqueños, los negros, los indios, los dominicanos etc. Es un narrador en el que no se puede confiar. El tono es un tono irónico, sarcástico e hiperbólico pero no raya en la fantasía o a caricatura.
A pesar de que la novela apenas tiene 164 páginas tiene muchos personajes. Los dividí dependiendo de las escenas de la novela. Todos los personajes, en especial los de la familia directa son bien redondos y las descripciones que hace de cada uno de ellos son claras y efectivas. El resto de los personajes son prácticamente caricaturas de personajes de la realidad puertorriqueña.

Familia Directa1. Javier-Harvey-Yunito Duran, es el joven que nos narra su vida y lo vamos conociendo poco a poco. Gracias a esas anotaciones es que conocemos a los demás personajes de la novela.
2. su madre con la que nos va dejando saber que tiene un complejo de Edipo.
3. Su padre es un prominente banquero, abogado y político de un partido pro-estadidad y unión permanente con los Estados Unidos que podemos presumir que es el partido nuevo progresista puertorriqueño (PNP).
4. Ivette, llamada a través de la novela por su hermano como Ivesita Su hermana es descrita como una ninfomaníaca por todos los familiares pero en realidad posiblemente sea una mujer libre sexualmente.




Familia extendida
1. Suncha la sirvienta de la familia según nos la describe Javier es una mujer negra de Loíza. Que lleva trabajando en la casa de la familia por muchos años.
2. El licenciado Julio Borrero Blanco, padrino del personaje narrador principal y socio político y comercial del padre por el cual guarda una admiración casi ciega.
3. Margarita la esposa del licenciado que la describe como que se volvió senil por un trauma después del parto pero que en el capítulo final gracias a la narración de la enfermera Delgado descubrimos que se traumatizó tras descubrir que su esposo Julio Borrero le era infiel con la mamá de Javier el narrador principal.
4. Julio Borrero hijo, Julitin es descrito como un estudiante irresponsable e inmaduro que le gusta es fiestar y usar marihuana.



Universidad de Andrionack1. Patricia Wagengald, Patty, la novia americana del personaje principal de diecinueve años. Su conducta es igual a la de Ivessita pero Javi no lo ve pero el hermano se lo dice.
2. Jeff Wagengald, hermano de Patty obsesionado con los deportes.
3. Katherine Wagengald la mamá de Patty con la que él tiene una relación amorosa. Con la que logra satisfacer su complejo de Edipo que
4. El profesor Michael Mason es quien lo motiva a hacer el trabajo de investigación.
5. Ted Morrison, otro estudiante de la universidad.
6. Mrs Morrison, madre de Ted quien lo va a visitar a la fraternidad y el hijo le enseña el trasero.
7. Joey Torosentado, el compañero de cuarto de universidad del personaje principal que supuestamente apestaba a cloaca es quien lleva a un nativo americano al baile.
8. Lucy Foreman, gordita de cara grasosa que estaba en el baile informal.
9. Eddy Miles, compañero de universidad que se menciona en el primer capítulo visitó la casa en Puerto Rico.
10. Leo Frankl, le hace un círculo mientras baila mientras él baila como indio americano.
11. Andy Bruce, alias Pinocho por su nariz grande, en el baile informal con quien Marilanne Morgan se va a bailar, y luego se fueron para un motel.
12. Tom Leland, estudiante de la universidad que está en el baile informal.
13. Angelo Tussi, alias Macarroni en el baile informal.
14. Martha Dickinson, parte del baile informal.
15. Marian Morgan, la que le dio su teléfono en el baile.
16. El indio con el que fue al baile Joey Torosentado quien juega un papel importante porque Javier no se da cuenta que Joey le está diciendo que los puertorriqueños son indios.




Sirvientes y otros personajes
1. Altagracia Peña es una ayudante de limpieza dominicana que lleva a sus ocho hijos a ayudar con la limpieza a Suncha.
2. Temistocles Morrel, el Santa Claus dominicano primo de Altagracia Peña que Ivessita violó.
3. Cucho el Jardinero, jardinero de la familia con el que fue sorprendido Ivesita un día que la familia iba para Plaza las Américas
4. Joaco es el doctor de la familia que le recomienda que le den a Ivessita pastillas anticonceptivas para que no quede embarazada en sus aventuras amorosas.



Personajes del Hospital1. La Carmona, la asistente o ayudante de enfermera de su edad de la cual está enamorado el personaje-narrador principal. Es una joven bonita de clase social trabajadora.
2. La Mrs Delgado quien es la narradora del último capítulo.




Personajes de la Caravana de la Verdad1. Hilda, la pelirroja secretaria personal del padrino
2. Manolo el cubano que es el ayudante de prensa
3. Los seis Karatecas guarda espaldas que protegen al padrino del pueblo.
4. El ayudante obeso del alcalde que le abre la puerta al padrino en Bairoa.
5. María la hija de la casa donde almuerzan en Bairoa que le hace un acercamiento sexual que hace que Yunito le aplauda a su padrino en el medio de una conversación, causándole un disgusto.
6. El periodista hippie que le hace preguntas que molestan al padrino
7. Risita: Es uno de los jóvenes con los que Javier se va desde Guánica en la caravana y terminan dándole una paliza.
8. Tocino: es otro de los que le dan una paliza en los jardines del hotel cuando se dan cuenta que es un “blanquito comemierda”.
9. El mesero del hotel que le da la paliza junto a Risita y Tocino










jueves, 28 de abril de 2011

"Comentario POST RETRO sobre la posible influencia de Kuniyoshi en Dalí" por Gean Carlo Villegas para PUERTORRICUENTOS.COM


Como muchos ya saben, uno de mis seudónimos como escritor es Isidoro Kodama. Una de las razones por las que escogí ese nombre es es porque Isidoro es uno de los muchos nombres que Jorge Luis Borges descartó y Kodama es el apellido de su última esposa. Según wikipedia, Kodama es el nombre de unos espíritus o algo así en el folklor japonés y obviamente me puse a ver obras de arte e ilustraciones japonesas... Llegué a ver unas cuantas de Tsukioka Yoshitoshi, luego por curiosidad vi cuáles fueron sus influencias y llegué a Utagawa Kuniyoshi. Finalmente me encontré con una obra que me recordó a una pintura bien famosa de Salvador Dalí.
Bla, bla, bla... Yo no soy un estudioso del arte pero, con tan solo ver estas dos obras, puedo meter mi cabeza en un picador asegurando que Dalí tuvo que haber visto la obra de Kuniyoshi en algún momento .
Aquí los y las dejo con las dos obras. Ustedes me dejan saber si tengo razón o no. Para aquellos que quieran hacer una investigación profunda sobre la influencia de Kuniyoshi en Dalí ahí les regalo este vómito o paja mental.




http://puertorricuentos.com

miércoles, 6 de abril de 2011

“Digamos que ésto es un cuento post-post-post-retro” por Gean Carlo Villegas


“Digamos que ésto es un cuento post-post-post-retro” por Gean Carlo Villegas


Digamos que el personaje que estoy creando es un joven de unos veintinueve años, casado, que trabaja en un hotel de Isla Verde y colecciona cepillos de dientes usados que los huéspedes han abandonado. Digamos que ese personaje escribe cuando la inspiración le llega o cuando tiene tiempo o cuando está aburrido en el trabajo. Digamos que ese escritor que trabaja en un hotel y le gusta coleccionar cepillos de dientes usados está escribiendo un cuento corto sobre un escritor de edad indefinida que le gusta escribir. Digamos que ese personaje deja de escribir. Digamos que se le olvida cómo escribir. Digamos que se le olvida c ómo leer. Digamos que pierde sus extremidades, se queda mudo, ciego y sordo. Digamos que padece de estreñimiento. Digamos que ese personaje se muere. Digamos que lo entierran. Digamos que se descompone. Digamos que la tierra lo absorbe. Digamos que se convierte en los nutrientes que hacen que un árbol crezca. Digamos que ese árbol crece y cae sobre una nave espacial. Digamos lo que sea cuando sea. Digamos que nos limitamos demasiado cuando escribimos por el qué dirán. Digamos que ese escritor es un fantasma que me toca el hombro. Digamos que cierro los ojos para no mirarlo y digamos que me pide que escriba sobre un personaje joven, de unos veintinueve años, casado, que trabaja en un hotel de Isla Verde y colecciona cepillos de dientes usados que los huéspedes han abandonado mientras me corta las extremidades, la lengua, me saca los ojos, me deja sordo y me causa un terrible estreñimiento. Digamos, sólo digamos…


jueves, 10 de marzo de 2011

“Embutido” un cuento post-post-retro por Gean Carlo Villegas


“Embutido” un cuento post-post-retro por Gean Carlo Villegas

Quisiera ahorcarme con el cordón umbilical que mi mamá guardó en el congelador (marca Maytag) justo al lado de la morcilla y los limbel de tamarindo que me dan diarreas que no son otra cosa que piraguas derretidas y recongeladas pero que me gustan porque son una combinación entre agrio y dulce que me hace recordar como a Proust le recordaba lo que sea que recordaba cuando se metía cosas en la boca. Proust me lo mama. Perdón. Me había prometido ser más culto o aparentar ser más culto. Déjame re-frasear lo que dije. Proust succiona mi órgano reproductor repetidamente por cortos intervalos de tiempo hasta llegar al punto de eyaculación mientras Freud se masturba utilizando como lubricante la leche de almendras marca Nenuco. Decir que sueño despierto sería una redundancia. Mi madre tiene la culpa de todo. Leer literatura mientras está encendida la tele con una película porno de bajo presupuesto que compré en especial en le video club de la esquina no creo que ayude. Freud ahora le tordula los urgalios a Proust mientras Borges (Jorge Luis Borges debo aclarar para que no lo confundan con el otro Borges) se masturba con lubricante WD 40. Borges se lo mama a Freud mientras recita un poema de Julia de Burgos fusionado con uno de Luis Pales Matos sobre la tía abuela negra de Hitler llamada Kalahari o algo así. Manuel Ramos Otero entra en escena y encuernado le reprocha a Borges que salga del closet de una vez y por todas y que deje la pendejá esa de hacerle creer a todo el mundo que es ciego para que le lean en voz alta como a un niño antes de dormir. Mi madre tiene la culpa de todo. Perdón. Freud eyacula sobre la cara de Virginia Woolf. Virginia grita, o más bien gime o finge que gime o más bien finge que grita de placer con cada ramalazo de semen que le cae en la mejilla. Poesía pura. Pura poesía. Mi madre tiene la culpa de todo. Todos los actores son mayores de 18 años. Si quiere o desea revisar los archivos puede pasar por la biblioteca municipal de Los Angeles, California durante horas laborables. Pantalla negra. Silencio. Freud se sube la bragueta y enciende su pipa. Virginia ahora baila como Shakira meneando las caderas a compas del guiro mientras van cayendo las gotas de sudor y leche al suelo. Manuel Ramos Otero le da a Borges por la cabeza con el bastón que Freud dice que claramente es un objeto fálico. Bolaño limpia sus anteojos porque no puede creer lo que está viendo y yo me quedo dormido, o despierto, que no es lo mismo pero ya en este punto da igual. Una reinita se para en el tendedero desnudo. Una lagartija ejercita sus bíceps en el escrín de la ventana que da para la casa de la vecina que me mira. Vieja presentá. Mi madre tiene la culpa de todo. Freud asiente exhalando y da su última bocanada. Yo no puedo meter la cabeza en el horno porque mi horno no es de gas y no me gusta cómo huele. Me compré un carro nuevo para que fuese lo último que oliera. El humo del carro se llenara en mis pulmones y moriré como se murió la tipa esa de la novela esa que al final mete la cabeza en el horno. Yo no puedo meter la cabeza en el horno porque mi horno no es de gas y pienso en lo original que hubiese sido haberme ahorcado con el cordón umbilical que mi madre guardaba en el refrigerador como si fuese un embutido…

© Gean Carlo Villegas 2011
http://puertorricuentos.com

martes, 22 de febrero de 2011

"La mala, la buena y la super buena literatura del MUNDO CRUEL de Luis Negrón"


"La mala, la buena y la super buena literatura del MUNDO CRUEL de Luis Negrón" un comentario por Gean Carlo Villegas

La semana pasada le confesé a un amigo que yo detestaba las etiquetas y los apellidos a la Literatura cuando me explicó que él organizaba su librero por secciones como: Literatura Feminista, Literatura Asexual (en la que me explicó ubicaba los de Jorge Luis Borges), Literatura Monosexual, Literatura Heterosexual, Literatura Bisexual, Literatura Trisexual, Literatura Robosexual (donde se encontraban mis libros de cuentos Post Retro y los de Bradbury), etc. Cada cual con lo suyo. Yo respeto las etiquetas pero, a mi entender, esas etiquetas sólo sirven para propósitos de promociones y mercadeo y no para organizar los libreros y bibliotecas personales.
Para mí existen sólo dos tipos de literatura y así lo evidencia mi librero que está dividido en dos: Buena literatura y Mala literatura.
Hay unas pocas excepciones a esa regla que rige mi biblioteca personal. Recientemente el libro de cuentos MUNDO CRUEL de Luis Negrón es uno que yo ubico en la sección de SUPER Buena Literatura.
MUNDO CRUEL más que nada es un libro honesto. No sé quien dijo que los libros se parecen a sus autores (si nadie lo dijo pues espero que de ahora en adelante me citen). Sé que Negrón es un tipo honesto porque todavía recuerdo el día que compré su libro en la Librería Mágica de Rio Piedras hace como un mes. Le pedí que me firmara el ejemplar (cosa que todavía no se puede hacer en los Kindles y los otros e-readers; pero ese es otro tema que ahora no viene al caso). Luis Negrón sonriendo me dio su autógrafo seguido por unos consejos o recomendaciones que poca gente se ha dignado en hacer. El autor Luis Negrón fue lo suficientemente honesto para decirme una de las razones por las que mi libro no se vendía como debería. Me hizo unas recomendaciones respecto al diseño del mismo ya que mi portada no era atractiva y se perdía entre los demás libros de la librería. Así es Luis Negrón. Un tipo dadivoso con su conocimiento. Correcto. Directo. Yo estaré eternamente agradecido por su honestidad. Poca gente con su extensa experiencia en el campo, se toman el tiempo de dejarle saber a un completo extraño que está comenzando en esta industria de etiquetas lo qué podemos hacer para mejorar…
Si algún día quieres leer BUENA literatura compra el libro de cuentos MUNDO CRUEL de Luis Negrón. Entrar en los detalles del porqué es buena sería redundante a los que todos los críticos y criticones de Puerto Rico ya han dicho del libro. Uno de sus personajes diría: Cómpralo, leelo y no jodas más.

*******************
Por Gean Carlo Villegas para http://puertorricuentos.com

martes, 1 de febrero de 2011

LA METÁFORA (conferencia) por Jorge Luis Borges


LA METÁFORA por Jorge Luis Borges

Ya que el tema de la charla de hoy es la metáfora, empezaré con una metáfora. La primera de las muchas metáforas que trataré de recordar procede del Lejano Oriente, de China. Si no me equivoco, los chinos llaman al mundo «las diez mil cosas», o -y eso depende del gusto y el capricho del traductor— «los diez mil seres».

Supongo que podemos aceptar el muy prudente cálculo de diez mil. Seguro que existen más de diez mil hormigas, diez mil hombres, diez mil esperanzas, temores o pesadillas en el mundo. Pero si aceptamos el número de diez mil, y si pensamos que todas las metáforas son la unión de dos cosas distintas, entonces, en caso de que tuviéramos tiempo, podríamos elaborar una casi increíble suma de metáforas posibles. He olvidado el álgebra que aprendí, pero creo que la cantidad sería 10.000 multiplicado por 9.999, multiplicado por 9.998, etcétera. Evidentemente, la cantidad de posibles combinaciones no es infinita, pero asombra a la imaginación. Así que podríamos pensar: ¿por qué los poetas de todo el mundo y todos los tiempos habrían de recurrir a la misma colección de metáforas, cuando existen tantas combinaciones posibles?

El poeta argentino Lugones, allá por el año 1909, escribió que creía que los poetas usaban siempre las mismas metáforas, y que iba a acometer el descubrimiento de nuevas metáforas de la luna. Y, de hecho, inventó varios centenares. También dijo, en el prólogo de un libro llamado Lunario sentimental, que toda palabra es una metáfora muerta. Esta afirmación es, desde luego, una metáfora. Pero creo que todos percibimos la diferencia entre metáforas vivas y muertas. Si tomamos un buen diccionario etimológico (pienso en el de mi viejo y desconocido amigo el doctor Skeat) y buscamos una palabra, estoy seguro de que en algún sitio encontraremos una metáfora escondida.

Por ejemplo -y pueden verlo en los primeros versos del Beowulf- la palabra «ϸreat» significaba 'multitud airada', pero ahora la palabra («thread», 'amenaza') se refiere al efecto y no a la causa. Y tenemos la palabra «king», 'rey'. «King» era en sus orígenes «cyning», que significaba 'un hombre que representa y defiende a los suyos, a la familia («kin»), al pueblo'.

Así, etimológicamente, «king», «kinsman» ('pariente') y «gentleman» son la misma palabra. Pero si digo «El rey se sentó a contar su dinero», no pensamos que la palabra «king» sea una metáfora. De hecho, si optamos por el pensamiento abstracto, tenemos que olvidar que las palabras fueron metáforas. Tenemos que olvidar, por ejemplo, que en la palabra «considerar» hay una sombra de astrología: «considerar» sig¬nificaba originariamente 'estar en relación con las estrellas', 'hacer un horóscopo'.

Yo diría que lo importante a propósito de la metáfora es el hecho de que el lector o el oyente la perciban como metáfora. Limitaré esta charla a las metáforas que el lector percibe como metáforas. No a palabras como «king» o «threat» (y podríamos continuar, quizá hasta el infinito).

En primer lugar, me gustaría ocuparme de ciertas metáforas modelo, de ciertas metáforas patrón. Uso la palabra «modelo» porque las metáforas que voy a citar, aunque parezcan muy distintas a la imaginación, para un lógico serían casi idénticas. Así que podríamos hablar de ellas como ecuaciones. Tomemos la primera que me viene a la mente: la comparación modelo, la clásica comparación entre ojos y estrellas, o, a la inversa, entre estrellas y ojos. El primer ejemplo que recuerdo procede de la Antología griega, y creo que se atribuye a Platón. Los versos (no sé griego) son más o menos como sigue: «Desearía ser la noche para mirar tu sueño con mil ojos». Aquí, evidentemente, percibimos la ternura del amante; sentimos que su deseo es capaz de ver al amante desde muchos puntos a la vez. Sentimos la ternura detrás de esos versos.

Veamos ahora otro ejemplo menos ilustre: «Las estrellas miran hacia abajo». Si tomamos en serio el pensamiento lógico, encontramos aquí la misma metáfora. Pero el efecto en nuestra imaginación es muy distinto. «Las estrellas miran hacia abajo» no nos sugiere ternura; más bien nos hace pensar en generaciones y generaciones de hombres que se fatigan sin fin, mientras las estrellas miran hacia abajo con una especie de sublime indiferencia.

Tomemos un ejemplo distinto, una de las estrofas que más me han impresionado. Los versos proceden de un poema de Chesterton llamado «A Second Childhood» («Segunda niñez»):

Jorge Luis Borges Arte Poética Seis conferencias Crítica. Barcelona (2001) Capítulo 2But I shall not grow too old to see enormous night arise, A cloud that is larger than the world And a monster made of eyes.

(Pero no envejeceré hasta ver surgir la enorme noche, nube que es más grande que el mundo, monstruo hecho de ojos.)

No un monstruo lleno de ojos (conocemos e.sos monstruos desde el Apocalipsis de San Juan), sino -y esto es mucho más terrible- un monstruo hecho de ojos, como si esos ojos fueran su tejido orgánico.

Hemos examinado tres imágenes que pueden remitir al mismo modelo. Pero el aspecto que me gustaría destacar - y éste es realmente uno de los dos puntos importantes de mi charla- es que, aunque el modelo sea esencialmente el mismo, en el primer caso, el ejemplo griego «Desearía ser la noche», el poeta nos hace sentir su ternura, su ansiedad; en el segundo, sentimos una especie de divina indiferencia hacia las cosas humanas; y, en el tercero, la noche familiar se convierte en pesadilla.

Tomemos ahora un modelo diferente: la idea del tiempo que fluye, que fluye como un río. El primer ejemplo proceder de un poema que Tennyson escribió cuando tenía, me parece, trece o catorce años. Lo destruyó; pero, felizmente para nosotros, sobrevive un verso. Creo que pueden ustedes encontrarlo en la biografía de Tennyson que escribió Andrew Lang.

El verso es: «Time flowing in the middle of night» («El fluir del tiempo en medio de la noche»). Creo que Tennyson ha elegido su tiempo muy sabiamente. De noche todas las cosas son silenciosas, los hombres duermen, pero el tiempo sigue fluyendo sin ruido. Éste es uno de los ejemplos.

Existe también una novela (estoy seguro de que habrán pensado en ella) llamada simplemente Of Time and the River. El mero hecho de unir las dos palabras sugiere la metáfora: el tiempo y el río, los dos fluyen. Y existe la famosa sentencia del filósofo griego: «Nadie baja dos veces al mismo río». Aquí encontramos un atisbo de terror, porque primero pensamos en el fluir del río, en las gotas de agua como ser diferente, y luego caemos en la cuenta de que nosotros somos el río, que somos tan fugitivos como el río.

También tenemos los versos de Manrique:

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar que es el morir.

Esta afirmación no impresiona demasiado en inglés. Ojalá recordara cómo la tradujo Longfellow en sus «Coplas de Manrique». Aunque, evidentemente (y volveré sobre esta cuestión en otra conferencia), detrás de la metáfora patrón encontramos la grave música de las palabras:

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar que es el morir: allí van los señoríos derechos a se acabar

y consumir...

La metáfora, sin embargo, es exactamente la misma en todos los casos.

Y ahora pasaremos a algo muy trillado, algo que quizá les haga sonreír: la comparación entre mujeres y flores, y también entre flores y mujeres. Aquí, evidentemente, los ejemplos son abundantísimos. Pero hay uno que me gustaría recordar (puede que no les resulte familiar) de esa obra maestra inacabada, Weir of Hermistón, de Robert Louis Stevenson. Cuenta Stevenson cómo su héroe va a la iglesia, en Escocia, donde ve a una chica: una chica preciosa, según se nos hace saber. Y sabemos que el héroe está a punto de enamorarse de ella. Porque la mira, y entonces se pregunta sí existe un alma inmortal dentro de esa figura bellísima, o si sólo es un animal del color de las flores. Y la brutalidad de la palabra «animal» queda destruida, sin duda, por «el color de las flores». No creo que necesitemos más ejemplos de este modelo, que se encuentra en todas las épocas, en todas las lenguas, en todas las literaturas.

Pasemos ahora a otro de los modelos esenciales de metáfora: el de la vida como sueño, esa sensación de que nuestra vida es un sueño. El ejemplo evidente que se nos ocurre es «We are such stuff as dreams are made on» («Estamos hechos de la misma materia que los sueños»). Ahora bien, aunque quizá suene a blasfemia -amo demasiado a Shakespeare

para que eso me preocupe-, creo que aquí, si lo examinamos (y no creo que debamos examinarlo muy de cerca; antes bien, debemos agradecerle a Shakespeare éste y sus otros muchos dones), hay una levísima contradicción entre el hecho de que nuestras vidas sean como un sueño, y la afirmación, un poco tajante, «Estamos hechos de la misma materia que los sueños». Porque, si somos reales en un sueño, o si sólo somos soñadores de sueños, entonces me pregunto si podemos hacer semejantes afirmaciones categóricas. La frase de Shakespeare pertenece más a la filosofía o a la metafísica que a la poesía, aunque, desde luego, el contexto la realza y eleva a poesía.

Otro ejemplo del mismo modelo procede de un gran poeta alemán; un poeta menor al lado de Shakespeare (pero supongo que todos los poetas son menores a su lado, excepto dos o tres). Se trata de una famosa pieza de Walter von der Vogelweide. Supongo que se dice así (me pregunto qué tal es mi alemán medieval; tendrán ustedes que perdonarme): «Ist mir mîn leben getroumet, oder ist es war?» («¿He soñado mi vida, o fue un sueño?»). Creo que esto se acerca más a lo que el poeta intenta decir, pues en lugar de una afirmación categórica encontramos una pregunta. El poeta está perplejo. Nos ha sucedido a todos nosotros, pero no lo hemos expresado como Walter von der Vogelweide. El poeta se pregunta a sí mismo: «Ist mir mîn leben getroumet, oder ist es war?», y su duda nos trae, creo, esa esencia de la vida como sueño.

No recuerdo si en la conferencia anterior (porque es una frase que cito muchas veces, siempre, y la llevo citando toda la vida) les cité al filósofo chino Chuang Tzu. Soñó que era una mariposa y, al despertar, no sabía si era un hombre que había soñado ser una mariposa, o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. Creo que esta metáfora es la más delicada. Primero, porque empieza con un sueño, y, luego, cuando Chuang Tzu despierta, su vida sigue teniendo algo de sueño. Y, segundo, porque, con una especie de casi milagrosa felicidad, el filósofo ha elegido el animal adecuado. Si hubiera dicho «Chuang Tzu soñó qué era un tigre» sería insustancial. Una mariposa tiene algo de delicado y evanescente. Si fuéramos sueños, para sugerirlo fielmente necesitaríamos una mariposa y no un tigre. Si Chuang Tzu hubiera soñado que era un mecanógrafo, no hubiera acertado en absoluto. O una ballena: tampoco sería un acierto. Creo que eligió exactamente la palabra precisa para lo que se proponía decir.

Examinemos otro modelo: ese tan corriente que reúne las ideas del dormir y el morir. Es muy común incluso en la lengua cotidiana; pero, si buscamos ejemplos, advertiremos que los hay muy diferentes. Creo que en algún sitio Homero habla del «sueño de hierro de la muerte». Nos propone, así, dos ideas opuestas: la muerte es una especie de sueño, pero esa especie de sueño está hecha de un metal duro, inexorable y cruel, el hierro. Es un dormir perpetuo e inquebrantable. Y, por supuesto, también tenemos a Heine: «Der Tod dass ist die frühe Nacht» («La muerte es la noche madrugadora»). Y, ya que estamos en el norte de Boston, creo que debemos recordar aquellos quizá conocidísimos versos de Robert Frost:

The woods are lovely, dark, and deep, But. I have promises to keep And miles to go before I sleep, And miles to go before I sleep.

(Los bosques son hermosos, oscuros y profundos, pero tengo promesas que cumplir y millas por hacer antes de dormir, y millas por hacer antes de dormir.)

Estos versos son tan perfectos que nos resulta difícil pensar en que haya truco. Pero, desgraciadamente, toda literatura está hecha de trucos, y esos trucos, a la larga, salen a la luz. Y entonces fatigan al lector. Pero en este caso el truco es tan discreto que casi me avergüenza llamarlo truco (lo llamo así únicamente a falta de una palabra mejor). Porque Frost ha intentado aquí algo muy atrevido. Encontramos el mismo verso repetido palabra por palabra, dos veces, pero el sentido es diferente. «And miles to go before I sleep»: se trata de algo meramente físico; las millas son millas en el espacio, en Nueva Inglaterra, y «sleep» significa 'ir a dormir'. La segunda vez -«And miles to go before I sleep»- se nos hace entender que las millas no sólo se refieren al espacio, sino también al tiempo, y que «dormir» significa 'morir' o 'descansar'. Si el poeta hubiera dicho lo mismo con más palabras, habría sido mucho menos efectivo. Porque, a mi entender, lo sugerido es mucho más efectivo que lo explícito. Quizá la mente-humana tenga tendencia a negar las afirmaciones. Recuerden que Emerson decía que los razonamientos no convencen a nadie. No convencen a nadie porque son presentados como razonamientos. Entonces los consideramos, los sopesamos, les damos la vuelta y decidimos en su contra.

Pero cuando algo sólo es dicho o -mejor todavía- sugerido, nuestra imaginación lo acoge con una especie de hospitalidad. Estamos dispuestos a aceptarlo. Recuerdo haber leído, hace una treintena de años, las obras de Martin Buber, que me parecían poemas maravillosos. Luego, cuando fui a Buenos Aires, leí un libro de un amigo mío, Dujovne, y descubrí en sus páginas, para mi asombro, que Martin Buber era un filósofo y que toda su filosofía estaba contenida en los libros que yo había leído como poesía. Puede que yo aceptara aquellos libros porque los acogí como poesía, como sugerencia o insinuación, a través de la música de la poesía, y no como razonamientos. Creo que en Walt Whitman, en alguna parte,

podemos encontrar la misma idea: la idea de que la razón es poco convincente. Creo que Whitman dice en alguna parte que el aire de la noche, las inmensas y escasas estrellas, son mucho más convincentes que los meros razonamientos.

Podemos considerar otros modelos de metáfora. Tomemos ahora el ejemplo (éste no es tan común como los otros) de la batalla y el fuego. En la Iliada encontramos la imagen de la batalla que resplandece como un incendio. Tenemos la misma idea en el fragmento heroico de Finnesburg. En ese fragmento se nos habla del combate entre daneses y frisios, del fulgor de las armas, los escudos y las espadas. Y entonces el escritor dice que parece como si todo Finnesburg, como si todo el castillo de Finn, estuviera en llamas.

Me figuro que me habré olvidado de modelos de metáforas muy comunes. Hasta ahora nos hemos ocupado de ojos y estrellas, mujeres y flores, ríos y tiempo, vida y sueño, la muerte y el dormir, batallas e incendios. Si tuviéramos el tiempo y el saber necesarios, podríamos encontrar otros cuantos modelos que quizá nos brindarían casi todas las metáforas de la literatura.

Lo verdaderamente importante no es que exista un número muy reducido de modelos, sino el hecho de que esos pocos modelos admitan casi un número infinito de variaciones. El lector interesado por la poesía y no por la teoría de la poesía podría leer, por ejemplo, «Desearía ser la noche», y luego «Un monstruo hecho de ojos» o «Las estrellas miran hacia abajo», sin dejar de pensar que estos versos remiten a un único modelo. Si yo fuera un pensador atrevido (pero no lo soy; soy un pensador muy tímido, y voy avanzando a tientas), diría que sólo existe una docena de metáforas y que todas las otras metáforas sólo son juegos arbitrarios. Esto equivaldría a la afirmación de que entre las «diez mil cosas» de la definición china sólo podemos encontrar doce afinidades esenciales. Porque, por supuesto, podemos encontrar otras afinidades que son meramente asombrosas, y el asombro apenas dura un instante.

Recuerdo que he olvidado un excelente ejemplo de la ecuación sueño igual a vida. Pero creo rememorarlo ahora: pertenece al poeta americano Cummings. Son cuatro versos. Debo disculparme por el primero. Evidentemente fue escrito por un joven que escribía para jóvenes, un privilegio del que ya no puedo participar: soy ya demasiado viejo para ese tipo de juegos. Pero debemos citar la estrofa completa. El primer verso es: «God's terrible face, brighter than a spoon» («la terrible cara de Dios, más brillante que una cuchara»). El primer verso casi me parece lamentable, porque, evidentemente, uno intuye que el poeta pensó primero en una espada, o en la luz de una vela, o en el sol, o en un escudo, o en algo tradicionalmente radiante, y entonces dijo: «No, que soy moderno, así que meteré una cuchara». Y tuvo su cuchara. Pero podemos perdonárselo por lo que viene a continuación: «God's terrible face, brighter than a spoon, / collects the image of one fatal word» («La terrible cara de Dios, más brillante que una cuchara, / acoge la imagen de una palabra fatal»). Este segundo verso es mejor, creo. Y, como me dijo mi amigo Murchison, en una cuchara a menudo encontramos recogidas muchas imágenes. Yo nunca había pensado en ello, porque había quedado desconcertado por la cuchara y no había querido darle demasiadas vueltas.

God's terrible face, brighter than a spoon, collects the image of one fatal word, so that my life (which liked the sun and the moon) resembles something that has not oocurred.

(La terrible cara de Dios, más brillante que una cuchara, acoge la imagen de una palabra fatal, y así mi vida -que gustaba del sol y la luna- se parece a algo que no ha sucedido.)

«Se parece a algo que no ha sucedido»: este verso entraña una rara sencillez. Creo que nos transmite la esencia de la vida como sueño mejor que aquellos poetas más famosos, Shakespeare y Walter von der Vogelweide.

Sólo he elegido, evidentemente, unos pocos ejemplos. Estoy seguro de que su memoria está llena de metáforas que ustedes han ido atesorando, metáforas que quizá esperen oír citadas por mí. Sé que después de esta conferencia sentiré cómo me invade el remordimiento, al pensar en las muchas y hermosas metáforas que he omitido. Y, naturalmente, ustedes me dirán en un aparte: «Pero ¿cómo ha olvidado aquella maravillosa metáfora de Fulano?». Y entonces tendré que disculparme y seguir buscando a tientas.

Pero, ahora, creo que deberíamos proseguir con metáforas que parecen eludir los viejos modelos. Y, ya que he hablado de la luna, tomaré una metáfora persa que leí en alguna parte de la historia de la literatura persa de Brown. Señalemos que procede de Farid al-Din Attar o de Omar Hayyam, o de Hafiz, o de alguno de los grandes poetas persas. Habla de la luna llamándola «el espejo del tiempo». Me figuro que, desde el punto de vista de la astronomía, la idea de que la luna sea un espejo sería apropiada, pero esto es más bien irrelevante desde un punto de vista poético. Si la luna es o no es realmente un espejo carece de la menor importancia, puesto que la poesía habla a la imaginación. Contemplemos la luna como espejo del tiempo. Creo que es una metáfora excelente: en primer lugar, porque la idea de espejo nos transmite la

luminosidad y fragilidad de la luna, y, en segundo lugar, porque la idea de tiempo nos recuerda de repente que la luna clarísima que vemos es muy antigua, está llena de poesía y mitología, y es tan vieja como el tiempo.

Puesto que he usado la frase «tan vieja como el tiempo», debo citar otro verso, uno que quizá bulla en la memoria de ustedes. No puedo recordar el nombre de su autor. Lo encontré citado en un libro no demasiado memorable de Kipling titulado From Sea to Sea: «A rose-red city, half as old as time» («Una ciudad de color rosa, casi tan vieja como el tiempo»). Si el poeta hubiera escrito «Una ciudad de color rosa, tan vieja como el tiempo», no hubiera escrito nada definitivo. Pero «casi tan vieja como el tiempo» nos transmite una especie de precisión mágica: el mismo tipo de mágica precisión que logra la extraña y común frase inglesa «I will love you forever and a day» («Te querré siempre y un día»). «Forever» significa 'un tiempo larguísimo' pero es demasiado abstracto para despertar la imaginación.

Encontramos el mismo tipo de truco (pido perdón por el uso de esta palabra) en el título de ese libro famoso, Las mil y una noches. Pues «las mil noches» significa para la imaginación 'las muchas noches', tal como en el siglo XVII se usaba «cuarenta» para significar 'muchos'. «When forty winters shall besiege thy brow» («Cuando muchos inviernos pongan sitio a tu frente»), escribe Shakespeare; y pienso en la habitual expresión inglesa «forty winks» (literalmente, «cuarenta parpadeos») para la siesta («to have forty winks»: 'echar una siesta, descabezar un sueño'). «Cuarenta» significa 'muchos'. Y ahí tienen «las mil y una noches»; como esa «ciudad de color rosa» y la asombrosa precisión de «casi tan vieja como el tiempo», que, evidentemente, hace que el tiempo parezca incluso más largo.

Para considerar diferentes metáforas, volveré ahora -inevitablemente, dirán ustedes- a los anglosajones, mis favoritos. Recuerdo aquella kenning verdaderamente común que llamaba al mar «el camino de la ballena». Me pregunto si el sajón desconocido que acuñó por primera vez esa kenning sabía lo hermosa que era. Me pregunto si se daba cuenta (aunque esto apenas tiene por qué importarnos) de que la inmensidad de la ballena sugería y enfatizaba la inmensidad del mar.

Hay otra metáfora, escandinava, sobre la sangre. La kenning usual para la sangre es «el agua de la serpiente». En esta metáfora tenemos la noción -que también encontramos en los sajones- de la espada como ser esencialmente maligno, un ser que bebe la sangre de los hombres como si fuera agua.

Y tenemos las metáforas de la batalla. Algunas de ellas son bastante triviales; por ejemplo, «encuentro de hombres». Quizá, aquí, exista algo sutilísimo: la idea de los hombres que se encuentran para matarse unos a otros (como si no fuera posible otro tipo de «encuentros»). Pero también tenemos «encuentro de espadas», «baile de espadas», «fragor de armaduras», «fragor de escudos». Todas están en la Oda de Brunanburh. Y hay otra preciosa: «ϸorn æneoht», «encuentro de ira». Aquí la metáfora quizá nos impresione porque, cuando pensamos en un encuentro, pensamos en el compañerismo, en la amistad; y entonces surge el contraste, el encuentro «de ira».

Pero yo diría que estas metáforas no son nada comparadas con la hermosísima metáfora escandinava y -lo que parece bastante extraño- irlandesa para la batalla. Llama a la batalla «la red de hombres». La palabra «red» es verdaderamente maravillosa aquí, pues la idea de una red nos brinda el modelo de una batalla medieval: tenemos las espadas, los escudos, el chocar de las armas. Y también tenemos el matiz de pesadilla de una red entretejida por seres vivos. «Red de hombres»: una red de hombres que mueren y se matan unos a otros.

Me viene a la memoria de repente una metáfora de Góngora que es muy parecida a la «red de hombres». Góngora habla de un viajero que llega a una «bárbara aldea»; y entonces la aldea tiende una soga de perros a su alrededor:

y cual suele tejer bárbara aldea soga de gozques contra forastero.

Así, de un modo muy extraño, encontramos la misma imagen: la idea de una soga o una red hecha de seres vivos. Pero incluso en estos casos que parecen sinónimos existe una diferencia notable. Una soga de perros es algo barroco y grotesco, mientras que «red de hombres» añade algo terrible, algo espantoso, a la metáfora.

Para terminar, consideraré una metáfora, o una comparación (después de todo, no soy profesor y la diferencia apenas me preocupa) del hoy olvidado Byron. Leí el poema cuando era un chico; me figuro que todos lo leímos a muy tierna edad. Pero hace dos o tres días descubrí de repente que se trataba de una metáfora muy compleja. Nunca había pensado que Byron fuera especialmente complejo. Todos ustedes conocen la frase: «She walks in beauty, like the night» («Camina en belleza, como la noche»). El verso es tan perfecto que no le damos ninguna importancia. Pensamos: «Bien, nosotros podríamos haberlo escrito, si hubiéramos querido». Pero sólo Byron quiso escribirlo.

Me ocupo ahora de la oculta y secreta complejidad del verso. Supongo que ustedes ya habrán descubierto lo que ahora voy a revelarles. (Pues es lo que siempre pasa con las sorpresas, ¿verdad? Nos pasa cuando leemos una novela policiaca.) «She walks in beauty, like the night»: tenemos, en principio, una hermosa mujer, y en seguida se nos dice que «camina en belleza». Esto nos sugiere, de algún modo, la lengua francesa: algo como «vous êtes en beauté». Pero: «She walks in beauty, like the night». Tenemos, en primera instancia, una hermosa mujer, una hermosa señora, que se asemeja a la noche. Para entender el verso debemos pensar que también la noche es una mujer; si no, el verso no tiene sentido. Así, en estas palabras tan sencillas encontramos una doble metáfora: una mujer es comparada con la noche, pero la noche es

comparada con una mujer. No sé, ni me importa, si Byron sabía esto. Creo que si lo hubiera sabido el verso difícilmente sería tan bueno. Puede que antes de morir lo descubriera, o alguien se lo señalara.

Así llegamos a las dos principales y obvias conclusiones de esta conferencia. La primera es, por supuesto, que aunque existan cientos y desde luego miles de metáforas por descubrir, todas podrían remitirse a unos pocos modelos elementales. Pero esto no tiene por qué inquietarnos, pues cada metáfora es diferente: cada vez que usamos el modelo, las variaciones son diferentes. Y la segunda conclusión es que existen metáforas -por ejemplo, «red de hombres» o «camino de la ballena»- que no podemos remitir a modelos definidos.

Creo, pues, que las perspectivas -incluso después de mi conferencia- son bastante favorables para la metáfora. Porque, si nos parece, pódennos ensayar nuevas variaciones de las tendencias esenciales. Las variaciones podrían ser muy bellas y sólo algunos críticos como yo se molestarían en decir: «Bien, ahí volvemos a encontrar ojos y estrellas, y el tiempo y el río una y otra vez, siempre». Las metáforas estimularán la imaginación. Pero también podría sernos concedida -y por qué no esperarlo- la invención de metáforas que no pertenecen, o que no pertenecen todavía, a modelos aceptados.

lunes, 10 de enero de 2011

Resumen tecatamente post retro del libro HISTORIA SECRETA DE UNA NOVELA de MARIO VARGAS LLOSA


Resumen tecatamente post retro de Gean Carlo Villegas sobre el libro Historia secreta de una novela de Vargas Llosa



En el primer párrafo de su libro HISTORIA SECRETA DE UNA NOVELA (1971), Mario Vargas Llosa explica que:
“Escribir una novela es una ceremonia parecida al strip-tease. Como la muchacha que, bajo impúdicos reflectores, se libera de sus ropas y muestra, uno a uno, sus encantos secretos, el novelista desnuda también su intimidad en público a través de sus novelas. Pero, claro, hay diferencias. Lo que el novelista exhibe de sí mismo no son sus encantos secretos, como la desenvuelta muchacha, sino demonios que lo atormentan y obsesionan, la parte más fea de sí mismo: sus nostalgias, sus culpas, sus rencores. Otra diferencia es que en un strip-tease la muchacha está al principio vestida y al final desnuda. La trayectoria es inversa en el caso de la novela: al comienzo el novelista está desnudo y al final vestido. Las experiencias personales (vividas, soñadas, oídas, leídas) que fueron el estímulo primero para escribir la historia quedan tan maliciosamente disfrazadas durante el proceso de la creación que, cuando la novela está terminada, nadie, a menudo ni el propio novelista, puede escuchar con facilidad ese corazón autobiográfico que fatalmente late en toda ficción. Escribir una novela es un strip-tease invertido y todos los novelistas son parabólicos (en algunos casos explícitos) exhibicionistas.”.

Tras explicar unas cuantas experiencias de su niñez que le sirvieron como trasfondo para escribir su novela LA CASA VERDE (la novela a la que hace referencia el título del libro), Mario Vargas Llosa añade que: es muy difícil pensar en «ser un escritor» si uno ha nacido en un país donde casi nadie lee: los pobres porque no saben o porque no tienen los medios de hacerlo y los ricos porque no les da la gana. En una sociedad así, querer ser un escritor no es optar por una profesión sino un acto de locura.

Ya casi al final del libro, Vargas Llosa confiesa que comprendió que sólo se podía ser escritor si uno organizaba su vida en función de la literatura; si uno pretendía organizar la literatura en función de una vida consagrada a otros amos, el resultado era la catástrofe. Ser novelista sólo se logra trabajando arduamente:

“Completé esas justificaciones con una teoría voluntarista: la inspiración no existía. Era algo que, tal vez, guiaba las manos de escultores y pintores y dictaba imágenes y notas a los oídos de poetas y músicos, pero al novelista no lo visitaba jamás: era el desairado de las musas y estaba condenado a sustituir esa negada colaboración con terquedad, trabajo y paciencia. No me quedaba otra alternativa: si la inspiración existía para los novelistas, nunca sería uno de ellos. Sobre mí no caía jamás esa fuerza divina: a mí cada sílaba escrita me costaba un esfuerzo brutal. Sartre, […] fue una ayuda preciosa en ese momento: nadie nacía novelista, uno se hacía escritor, también en literatura uno elegía lo que iba a ser. Para probar esta teoría, escribí una novela sin inspiración, a base de puro empeño y sudor. La teoría funcionaba, uno llegaba a un rendimiento literario decoroso, pero el precio era alto. Demoré cerca de tres años en acabar ese libro. Debí reescribirlo varias veces, y, sobre todo al principio, me costaba lo indecible respetar los horarios de oficina que me imponía, permanecer tantas horas ante la máquina aun cuando no escribiera una línea. Cuando terminé esa primera novela me sentí enfermo, disgustado de la literatura.”.

Citando a Cortazar, Paf, se acabó☻

Referencias: pídesalas a San Google