jueves, 10 de marzo de 2011

“Embutido” un cuento post-post-retro por Gean Carlo Villegas


“Embutido” un cuento post-post-retro por Gean Carlo Villegas

Quisiera ahorcarme con el cordón umbilical que mi mamá guardó en el congelador (marca Maytag) justo al lado de la morcilla y los limbel de tamarindo que me dan diarreas que no son otra cosa que piraguas derretidas y recongeladas pero que me gustan porque son una combinación entre agrio y dulce que me hace recordar como a Proust le recordaba lo que sea que recordaba cuando se metía cosas en la boca. Proust me lo mama. Perdón. Me había prometido ser más culto o aparentar ser más culto. Déjame re-frasear lo que dije. Proust succiona mi órgano reproductor repetidamente por cortos intervalos de tiempo hasta llegar al punto de eyaculación mientras Freud se masturba utilizando como lubricante la leche de almendras marca Nenuco. Decir que sueño despierto sería una redundancia. Mi madre tiene la culpa de todo. Leer literatura mientras está encendida la tele con una película porno de bajo presupuesto que compré en especial en le video club de la esquina no creo que ayude. Freud ahora le tordula los urgalios a Proust mientras Borges (Jorge Luis Borges debo aclarar para que no lo confundan con el otro Borges) se masturba con lubricante WD 40. Borges se lo mama a Freud mientras recita un poema de Julia de Burgos fusionado con uno de Luis Pales Matos sobre la tía abuela negra de Hitler llamada Kalahari o algo así. Manuel Ramos Otero entra en escena y encuernado le reprocha a Borges que salga del closet de una vez y por todas y que deje la pendejá esa de hacerle creer a todo el mundo que es ciego para que le lean en voz alta como a un niño antes de dormir. Mi madre tiene la culpa de todo. Perdón. Freud eyacula sobre la cara de Virginia Woolf. Virginia grita, o más bien gime o finge que gime o más bien finge que grita de placer con cada ramalazo de semen que le cae en la mejilla. Poesía pura. Pura poesía. Mi madre tiene la culpa de todo. Todos los actores son mayores de 18 años. Si quiere o desea revisar los archivos puede pasar por la biblioteca municipal de Los Angeles, California durante horas laborables. Pantalla negra. Silencio. Freud se sube la bragueta y enciende su pipa. Virginia ahora baila como Shakira meneando las caderas a compas del guiro mientras van cayendo las gotas de sudor y leche al suelo. Manuel Ramos Otero le da a Borges por la cabeza con el bastón que Freud dice que claramente es un objeto fálico. Bolaño limpia sus anteojos porque no puede creer lo que está viendo y yo me quedo dormido, o despierto, que no es lo mismo pero ya en este punto da igual. Una reinita se para en el tendedero desnudo. Una lagartija ejercita sus bíceps en el escrín de la ventana que da para la casa de la vecina que me mira. Vieja presentá. Mi madre tiene la culpa de todo. Freud asiente exhalando y da su última bocanada. Yo no puedo meter la cabeza en el horno porque mi horno no es de gas y no me gusta cómo huele. Me compré un carro nuevo para que fuese lo último que oliera. El humo del carro se llenara en mis pulmones y moriré como se murió la tipa esa de la novela esa que al final mete la cabeza en el horno. Yo no puedo meter la cabeza en el horno porque mi horno no es de gas y pienso en lo original que hubiese sido haberme ahorcado con el cordón umbilical que mi madre guardaba en el refrigerador como si fuese un embutido…

© Gean Carlo Villegas 2011
http://puertorricuentos.com

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