jueves, 28 de abril de 2011

"Comentario POST RETRO sobre la posible influencia de Kuniyoshi en Dalí" por Gean Carlo Villegas para PUERTORRICUENTOS.COM


Como muchos ya saben, uno de mis seudónimos como escritor es Isidoro Kodama. Una de las razones por las que escogí ese nombre es es porque Isidoro es uno de los muchos nombres que Jorge Luis Borges descartó y Kodama es el apellido de su última esposa. Según wikipedia, Kodama es el nombre de unos espíritus o algo así en el folklor japonés y obviamente me puse a ver obras de arte e ilustraciones japonesas... Llegué a ver unas cuantas de Tsukioka Yoshitoshi, luego por curiosidad vi cuáles fueron sus influencias y llegué a Utagawa Kuniyoshi. Finalmente me encontré con una obra que me recordó a una pintura bien famosa de Salvador Dalí.
Bla, bla, bla... Yo no soy un estudioso del arte pero, con tan solo ver estas dos obras, puedo meter mi cabeza en un picador asegurando que Dalí tuvo que haber visto la obra de Kuniyoshi en algún momento .
Aquí los y las dejo con las dos obras. Ustedes me dejan saber si tengo razón o no. Para aquellos que quieran hacer una investigación profunda sobre la influencia de Kuniyoshi en Dalí ahí les regalo este vómito o paja mental.




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miércoles, 6 de abril de 2011

“Digamos que ésto es un cuento post-post-post-retro” por Gean Carlo Villegas


“Digamos que ésto es un cuento post-post-post-retro” por Gean Carlo Villegas


Digamos que el personaje que estoy creando es un joven de unos veintinueve años, casado, que trabaja en un hotel de Isla Verde y colecciona cepillos de dientes usados que los huéspedes han abandonado. Digamos que ese personaje escribe cuando la inspiración le llega o cuando tiene tiempo o cuando está aburrido en el trabajo. Digamos que ese escritor que trabaja en un hotel y le gusta coleccionar cepillos de dientes usados está escribiendo un cuento corto sobre un escritor de edad indefinida que le gusta escribir. Digamos que ese personaje deja de escribir. Digamos que se le olvida cómo escribir. Digamos que se le olvida c ómo leer. Digamos que pierde sus extremidades, se queda mudo, ciego y sordo. Digamos que padece de estreñimiento. Digamos que ese personaje se muere. Digamos que lo entierran. Digamos que se descompone. Digamos que la tierra lo absorbe. Digamos que se convierte en los nutrientes que hacen que un árbol crezca. Digamos que ese árbol crece y cae sobre una nave espacial. Digamos lo que sea cuando sea. Digamos que nos limitamos demasiado cuando escribimos por el qué dirán. Digamos que ese escritor es un fantasma que me toca el hombro. Digamos que cierro los ojos para no mirarlo y digamos que me pide que escriba sobre un personaje joven, de unos veintinueve años, casado, que trabaja en un hotel de Isla Verde y colecciona cepillos de dientes usados que los huéspedes han abandonado mientras me corta las extremidades, la lengua, me saca los ojos, me deja sordo y me causa un terrible estreñimiento. Digamos, sólo digamos…