lunes, 25 de noviembre de 2013

1010, Moribundos, Lobos virginales o la hija que no tuvimos..... Fragmento de una novela en proceso por Gean Carlo Villegas




1010, Moribundos, Lobos virginales o la hija que no tuvimos
Fragmentos de una novela en proceso por Gean Carlo Villegas e Isidoro Kodama



I

Yo aporté el dinero que ella necesitaba para el aborto. No sé porqué lo hice. Tal vez me sentía culpable por las veces que me masturbé pensando en ella. Tal vez me sentía culpable porque  en mi mente enferma entendía que existía la posibilidad (lo que era improbable) de que esa niña era mía. Como si se pudiera preñar a alguien telepáticamente. No sé porqué, pero después de ese día nunca más pude masturbarme pensando en ella. Se me presentaba la imagen de una bebé ensangrentada y perdía la erección. Ella me pidió liquidar los días que tenía acumulados por concepto de vacaciones para practicarse el aborto. Le pregunté si necesitaba algo más de mi parte pero me dijo que no. Dobló los billetes y me dijo antes de marcharse a su escritorio que con mi aportación económica era mas que suficiente.  No pude evitar mirarle las nalgas  a medida que se alejaba de mi oficina. Me sentí mal. Me sentí culpable.
Yo aporté el dinero que ella necesitaba para el aborto, pero ahora que lo pienso no sé porqué me dijo específicamente a mí que necesitaba dinero para un aborto. Puede ser que ella sabía que en secreto fantaseaba con su cuerpo desnudo. Puede ser que ella sabía que todas las mañanas antes de venir a trabajar, me masturbaba en la ducha pensando en ella. Puede ser que ella sospechaba que la deseaba y que el aborto de la niña que no tuvimos era un bajo precio a pagar por mi imprudencia onirica. No me pidió un préstamo para algo que no podia mencionar. No, nada de eso. Ella entró a mi oficina y me me dijo necesito tanta cantidad para el aborto. Como si yo tenía que saberlo. Como si fuese inevitable que yo lo supiera y yo fuera el responsable. Yo, que el contacto físico mas cercano que había tenido con ella fue cuando me dió la mano el día de su entrevista y una vez que le rosé el codo mientras pasaba por su escritorio. Cuando me pidió el dinero yo se lo dí y no le dije nada. Esa fue la última vez que nos vimos.
Yo aporté el dinero que ella necesitaba para el aborto y pore so me siento responsable.  No sé porqué me siento que el dinero que aporté se equivale a pagarle a un asesino para que asesine a alguien por contrato. Yo aporté el dinero y me siento responsible del asesinato de la hija que nunca tuvimos. No sé porque pienso que el feto abortado iba a ser una niña. Tenía la certeza que iba a ser una niña y que si era  posible embarazar a alguien en los sueños, esa niña era mía.

II

Recuerdo el día que ella vino a la entrevista. La vi  en el lobby y desde ese momento sabía que iba a ser parte de mi vida. Ella iba a ser la madre de la niña que nunca tuvimos… Como no se presentó a trabajar, la llamé por teléfono. Me contestó un hombre (o la voz de un hombre) y colgué.

III
Pregunté a los empleados si alguien había escuchado algo de ella. La señora que limpia me dijo que la última vez que la había visto, se había despedido de ella como si  no fuera a regresar. Mas tarde, durante el día, le dije a la señora que limpia que varios empleados  se habían quejado de que no estaba haciendo un buen trabajo y que supuestamente se habían desaparecido cosas de los escritorios desde que ella estaba. Ella se hechó a llorar, que ella no se ha llevado nada de nadie, que ella era una mujer honesta, madre trabajadora que necesitaba ese trabajo para mantener a sus hijos y a su padre que estaba postrado en cama desde que le había dado un derrame cerebral y pidió disculpas por lo de la limpieza, que se iba a esforzar mas que si esto que si lo otro. Bah. Me sentí mejor después de ese incidente, aunque todo lo que le dije eran puras mentiras. Quería vengarme por haberme dado malas noticias. 

IV

Volví a llamarla. Esta vez nadie contestó.

V.
Como se ausentó por mas de tres dias sin llamar ni escribir ni informar las razones porque no se presentó a trabajar por mas de tres días corridos, el portocolo me obigaba a enviarle una carta de despido por abandono de trabajo. Lamí la estampilla imaginando que fuera el lóbulo de su oreja derecha pero el sabor a pega y papel contrastó con la imagen que tenía de ella. Eché personalmente la carta al buzón, no sin antes besarla como si fuese una carta de amor.

VI

Le dije a mi esposa que se me había perdido el dinero. Sí, el mismo dinero que yo aporté para el aborto, ese mismo día, lo había sacado para pagarle al médico que los Americanos llaman fertility doctor y que yo llamo hijo de puta con bata blanca y estetoscopio. Cuando me preguntó por qué no había pagado la factura del médico, le dije que se me había perdido el dinero  de camino al trabajo. Me lo pudieron haber sacado de la cartera en el tren. Tal vez alguien me siguió desde el cajero automático y aprovechó mi despiste. Como ella me notaba ansioso y distante no quería insistir ni pelearme. Ella interpretó mi estado anímico como que estaba molesto por haber perdido el dinero.  Ella sabía cómo era yo con el dinero y nunca me había pasado nada como eso. Mi esposa y yo nunca pudimos tener hijos. Fantasee por un segundo que el feto abortado se podía transplantar al vientre de mi esposa. Algo asi como un transplante de corazón abierto. De un vientre a otro. No soy médico  ni nada por el estilo, pero entiendo que esa operación sería improbable.  Sacar el feto de un vientre e implantarlo en otro vientre. Iba a ser una niña, tenía la certeza que iba a ser una niña y que esa niña pudo haber sido mía. Para no ser egoista, esa niña pudo haber sido de mi esposa y mía. Pudo haber sido de ambos. Pero ahora esa niña no era de nadie. Un montón de sangre y carne en un basurero. Un montón de carne y sangre en un vertedero: una metáfora cómo me siento en este momento.

VII

La carta de despido por abandono de trabajo llegó de vuelta. La dirección no existe o faltaba información con la que pudiera entregarse. Así mismo me sentía: como si yo no existiera y me faltara información. Desee que mis padres me hubiesen abortado cuando pudieron. No estaría escribiendo esto y tú no lo estarías leyendo. Ahorro de tiempo para el mundo entero. Un cuerpo menos. Una vida menos. Un ser humano menos de qué preocuparse. Un espacio menos que ocupar en el cielo o el infierno...

VIII
{Su llamada no progresó. Intente de nuevo}...



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